FIGURAS OCULTAS (THEODORE MELFI, 2016)


En los años sesenta que dibuja Figuras ocultas, la sociedad estadounidense podía soñar con la posibilidad de enviar a un hombre al espacio, pero era incapaz de compartir el baño con una persona de raza negra. Sobre esta contradicción se apoya una película de acertado título: esas figuras ocultas son al mismo tiempo los secretos de la geometría y las protagonistas del relato, tres mujeres afroamericanas, superdotadas intelectualmente, que lucharon contra los prejuicios raciales y machistas en el corazón de la NASA. Estamos ante una cinta que aspira a ganar premios -estuvo nominada a dos Globos de Oro y opta a un Bafta por su guión adaptado-. Bien contada, excelentemente ambientada, la película se apoya en un sólido reparto de actores, encabezado por Taraji P. Henson, secundada por Octavia Spencer y la cantante Janelle Monáe, que conforman el trío femenino protagonista, apoyadas por secundarios que habrían sido protagonistas en cualquier otra película, veteranos como Kevin Costner y Kirsten Dunst, un Jim Parsons que cambia de registro y el emergente Mahershala Ali. Pero lo verdaderamente importante es que estamos ante una historia real que merecía ser contada. La lucha por la igualdad que emprenden estas mujeres de raza negra tiene relevancia en esta nueva era Trump, y en este sentido, el argumento de Figuras ocultas traza una trayectoria emocional como la de un cohete que despega hacia el espacio. Cada escena es una emocionante reivindicación, cada escena es una conquista de dignidad, respeto e igualdad. Lo que no quiere decir, en mi opinión, que estemos ante una obra maestra: su principal defecto son las concesiones a la vida sentimental de la protagonista. Pero además, el guión expresa conflictos sociales de una forma muy evidente, no demasiado ingeniosa, aunque sí convincente. Esto resulta lógico debido a la dimensión de lo contado: la película no puede permitirse una construcción dramática visual más exigente, ya que no tiene tiempo de digerir las situaciones, porque de hacerlo, el metraje sería excesivo. Lo más llamativo del film es que se las arregla para mostrar las sombras de un sistema injusto, racista y machista, siendo al mismo tiempo patriótico al mostrarnos los esfuerzos para conseguir una meta tan alta como ganar la carrera espacial a los soviéticos. También consigue esta película enseñarnos situaciones indignantes, de discriminación racial y de género, sin mostrar a un solo personaje racista o machista. Todo el peso del guión de Allison Schroeder -basado en la novela de Margot Lee Shetterly- recae en la sociedad como conjunto, nunca señala a una persona determinada. Todo lo contrario, lo que se exalta es la capacidad de algunos individuos de rebelarse contra una reglas felizmente superadas. Donde el director de Figuras ocultas, Theodore Melfi, se juega el tipo, es en la exigencia que supone mostrarnos en la misma película a un astronauta tocando las estrellas y a una mujer corriendo para llegar a un baño reservado a personas de raza negra, y que ambos momentos sean igualmente emocionantes.