THE FLASH -TEMPORADA 2- THE FURY OF FIRESTORM


THE FURY OF FIRESTORM (27 DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Voy a resumir lo que me gusta de The Flash en una sola imagen que, aviso, revela una pequeña sorpresa en este episodio. Se trata de la escena que pueden ver abajo.


Siempre se ha dicho que la diferencia entre el cómic y el cine es una cuestión de verosímil. Sobre el papel, el universo ficticio de los superhéroes es capaz de mezclar materiales de todos los géneros: desde el realismo hasta la ciencia ficción, pasando por la fantasía, el policíaco e incluso el western. Todo esto coexiste estéticamente sin problemas para el lector gracias al trazo del dibujante, que hace que todo sea "creíble". Muchas veces se ha dicho también que los coloridos trajes de los superhéroes resultan ridículos en una pantalla de cine. Por eso en X-Men (Bryan Singer, 2000) los protagonistas visten con sobrios uniformes de cuero negro, más propios de Matrix (Los hermanos Wachowski, 1999). Por suerte, Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) ha demostrado que esto no es así. La serie Arrow (2012) en sus cuatro temporada ha experimentado justamente esta evolución: al principio el héroe vestía un traje completamente funcional, sin siquiera un antifaz, mientras que actualmente ha adoptado el colorido nombre de Green Arrow y un traje más parecido al de los tebeos. Pero fue en The Flash cuando los productores se atrevieron desde el principio a asumir el tono camp del género. Barry Allen (Grant Gustin) lleva un disfraz rojo como en los cómics, que no intenta parecer "realista".Y eso me parece genial. Por eso he disfrutado tanto con la aparición repentina de un tiburón antropomorfizado -King Shark en los cómics- que se asoma cuando la trama de este episodio -por otro lado, algo soso- se ha resuelto. Antes, Barry y la investigadora Patty Spivot (Shantal VanSanten) se habían referido a un "hombre tiburón", descartando su existencia como una leyenda urbana y haciendo chistes sobre el Sharknado (Anthony C. Ferrante) de SyFy. Os pido que valoréis en su justa medida lo que significa la -breve- aparición de un tiburón con patas en una serie enmarcada en el mismo universo que El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008) y El hombre de acero (Zack Snyder, 2013). Por otro lado, lo dicho, estamos ante un episodio algo bajo de tono que sirve para preparar el terreno de la futura incorporación de Firestorm (Victor Garber/Franz Drameh) a la serie Legends of Tomorrow (2016). Exactamente lo mismo que ocurría en el anterior, Family of Rogues.

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THE LEFTOVERS -TEMPORADA 2- NO ROOM AT THE INN


NO ROOM AT THE INN (1 DE NOVIEMBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Cuando el religioso Matt Jamison (Christopher Eccleston) afirma que el pasaje que más le inspira en la Biblia es el Libro de Job, nos está dando la clave para entender su historia. Job era rico y por ello Satanás puso en duda su fidelidad a Dios. El demonio decide entonces poner a prueba la fe de Job despojándole de todas sus posesiones, de su felicidad, para comprobar si sigue amando al creador a pesar de las adversidades. En este episodio de The Leftovers, Matt también es un privilegiado: ha conseguido vivir en un pueblo milagroso que se había librado de las desapariciones y en el que -supuestamente- su mujer, Mary (Janel Moloney), recuperó la conciencia temporalmente. Pero Matt también será puesto a prueba.


La paciencia de Matt es probablemente tan proverbial como la de Job. Así nos lo muestra un prólogo que repite en tres ocasiones la rutina diaria con la que atiende a su mujer, en estado vegetativo. La repetición consigue que los gestos que al principio nos parecen tiernos acaben siendo tensos, crispados, justificando la explosión de Matt. Tras esto, la salida del matrimonio del pueblo revela la gran cantidad de personas desesperadas que intentan entrar en Milagro, en una clara metáfora de los inmigrantes, de los refugiados, de todos los desesperados que se han quedado fuera de los países que disfrutan del estado de bienestar. El martirio de Matt para regresar al pueblo le recordará que existe el sufrimiento -pensemos también en Buda- y que su lugar como religioso está con los desfavorecidos. Lo mejor del episodio, sin embargo, es la duda que planea sobre la integridad de Matt al desvelarse que su mujer -incapaz de dar su consentimiento- está embarazada. ¿Se trata de una referencia a los escándalos de la iglesia católica?


En la primera temporada de la serie, Matt también protagonizaba uno de los episodios más emotivos que recuerdo, titulado Two boats and a helicopter. Se repiten en este episodio algunas ideas de aquel, como que Matt sea castigado -con un golpe en la cabeza- cuando intenta ayudar al prójimo: primero a unos miembros del "Remanente Culpable", ahora a un padre y un hijo que intentan colarse en el pueblo Milagro. Curiosamente, el motivo de la futilidad de la caridad cristiana está presente en la obra de Luis Buñuel -Nazarín (1959), Viridiana(1961)- y creo ver en esta temporada una referencia a su Simón del desierto (1965) en el ermitaño que vive sobre una columna en el pueblo. Volviendo a la comparación con el episodio de la primera temporada, en ambos se utiliza frecuentemente el tema The Departure, de Max Richter, en diferentes versiones. Esta pieza sirve para potenciar el clímax emocional de la historia, la potente imagen del niño refugiado que acaba de perder a su padre, sus ojos muy abiertos de miedo, su mano levantada para devolver la pulsera robada que diferencia a los privilegiados de los pobres diablos.

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THE WALKING DEAD -TEMPORADA 6- HERE´S NOT HERE


HERE´S NOT HERE (1 DE NOVIEMBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Tarde o temprano tenía que pasar: esto vuelve a ser The Boring Dead. Siendo justos, era imposible mantener el nivel de los tres primeros episodios -de esta sexta temporada- en lo que se refiere a la acción, a los efectos especiales, a la cantidad de zombies. Vamos, que hemos tenido tres capítulos muy entretenidos y ya tocaba uno más pausado. Debe haber también, seguramente, razones presupuestarias para limitar la historia a dos personajes principales en prácticamente un único decorado. Por otro lado, la estrategia narrativa de esta temporada ha sido la de contar historias paralelas -aunque interconectadas- por lo que la trama avanza poco, pero permitiendo así alargar la intriga del cliffhanger del episodio anterior. En este caso, la suerte de Rick Grimes (Andrew Lincoln).


Este capítulo funciona como una precuela que explica la transformación del personaje de Morgan Jones (Lennie James) en una especie de Kwai Chang Caine (David Carradine) de la serie Kung Fu (1972-1975). La historia desvela al mentor de Morgan, Eastman, interpretado por John Carroll Lynch. El personaje es un psiquiatra cuya familia fue asesinada por un psicópata. Curiosamente, esta misma semana, John Carroll Lynch interpreta a uno de los peores asesinos en serie de la historia, John Wayne Gacy, en American Horror Story: Hotel. Ya había sido Twisty -el payaso asesino- en Freak Show.


Cuando Robert Kirkman creó el cómic The Walking Dead su idea era contar lo que ocurre después de una película como La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968). Kirkman intenta responder a la pregunta sobre qué pasa tras el Apocalipsis zombie. Su idea era mostrar cómo los protagonistas se ven obligados a sobrevivir día tras día en un mundo cada vez más desolado en una trama sin final. La idea -trasladada a la serie de televisión- tiene consecuencias muy interesantes en los personajes. Lo habitual en la ficción de género es que el protagonista experimente un arco de transformación tras el cual acaba convertido en héroe. Debe superar un trauma inicial para luego adoptar el papel de líder protector de un grupo o comunidad. Esto ocurre habitualmente en una película, pero, ¿Qué pasa si alargamos la historia de ese héroe? Rick, por ejemplo, despierta del coma al principio de la serie, recupera a su familia y se convierte en el líder del grupo. Se impone, sobre todo, tras derrotar a Shane (Jon Bernthal). Pero capítulo tras capítulo, la imagen de "héroe positivo" de Rick se ha ido enturbiando con actos morales cada vez más discutibles. Es sin duda lo más interesante de la serie.


En este capítulo, el protagonismo recae en Morgan, que vive aquí su propia transformación en héroe. Acaba adoptando un código moral -no matar- muy estricto. Lo interesante es que al final del episodio JSS nos hicieron pensar que Morgan había traicionado sus principios matando a un despiadado miembro de The Wolves. Descubrimos ahora, en un giro sorprendente, que esto no es así y que Morgan ha conseguido cumplir sus propias reglas. La pregunta es ¿Por cuánto tiempo?

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LA VERDAD (JAMES VANDERBILT, 2015)


Es La verdad el enésimo relato sobre la pérdida del ideal del periodismo estadounidense, víctima de la dictadura de los índices de audiencia televisivos, de las presiones políticas y sobre todo del poder -económico- de las grandes corporaciones. En ese sentido, no se puede negar que el tema ha sido tratado ya en productos recientes como la irregular serie de Aaron Sorkin, The Newsroom (2012-2014), o incluso en clave de comedia (casi) romántica en la desechable Morning Glory (Roger Michell, 2010). Puestos a comparar, busquemos mejor un referente de calidad, la imprescindible quinta temporada de The Wire (2002-2008) del experiodista David Simon. Ante esta obra, desde luego, La verdad palidece.


Siendo justos, la película busca diferenciarse de todo lo anterior centrando el conflicto en su protagonista, Mary Mapes, interpretada por una espléndida Cate Blanchett, que tiene la difícil misión de dar vida a un personaje real, cuya historia es muy reciente (2004). El otro obstáculo al que se enfrenta la actriz es que la subtrama que profundiza en la vida personal de su personaje es lo más débil del guión del director James Vanderbilt. Este -guionista de The Amazing Spider-man (Marc Webb, 2012)- se imagina a Mary Mapes como una superheroína con trauma infantil, como Batman o como el propio hombre araña. El problema es que este aspecto del personaje está expuesto de una forma simple, obvia y poco elegante, cuando el tema pedía ser convertido en subtexto. La verdad funciona mejor en los pocos momentos en los que dudamos de la protagonista -ahí está el incómodo discurso de la mujer del coronel Burkett (agradezco la aparición de Stacey Keach) que saca las vergüenzas de los periodistas- y no cuando la vemos luchar contra los malos malísimos del Tea Party.

Por lo demás, el elenco de secundarios funciona gracias a los actores. El que mejor aprovecha lo poco que tiene es Dennis Quaid y la peor parada es la exMad Men, Elisabeth Moss, absolutamente desperdiciada. Por último, el personaje de Dan Rather (Robert Redford) es utilizado como un símbolo -de la ética del periodismo- más que como un personaje humano con aristas y defectos. La elección de Redford apela a la memoria del clásico Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976). La comparación con aquella, desde luego, tampoco resulta favorecedora.

FARGO -TEMPORADA 2- THE MYTH OF SISYPHUS


THE MYTH OF SISYPHUS (26 DE OCTUBRE DE 2015)

Permitidme un poco de autobombo. En la estupenda primera temporada de Fargo propuse una lectura de la serie que se valía de la obra El mito de Sísifo de Albert Camus (pueden leerla aquí). Que este tercer capítulo de la segunda temporada se titule justamente así, me hace pensar que mi análisis no estaba del todo desencaminado.


En la mencionada obra, el filósofo argelino plantea que la existencia es absurda debido a la inevitabilidad de la muerte y a la imposibilidad de creer en la trascendencia del alma. Básicamente, si no creemos en el cielo ni en el infierno ¿Qué importa lo que hagamos durante nuestras vidas? Y si la vida no tiene sentido ¿Por qué no suicidarnos? Para ilustrar esta idea, Camus utiliza el mito griego de Sísifo, condenado en el Hades a empujar una pesada roca cuesta arriba por una colina... solo para verla caer por el otro lado, en una tortura que se repite una y otra vez. El esfuerzo inútil. El reto que se propone Camus es encontrar un motivo para vivir a pesar del absurdo de la existencia humana. Y llega a la conclusión de que la idea de la muerte puede ser liberadora. Para Camus, darse cuenta de esto es como un "despertar" que cambia para siempre a la persona y le convierte en alguien diferente, mientras la mayoría sigue viviendo como si no existiera la parca. Partiendo de esta idea, pensé que los personajes de la primera temporada de Fargo se podían dividir en "despiertos" y "dormidos". Entre los primeros encontramos al asesino a sueldo Lorne Malvo (Billy Bob Thorton) y su "no hay reglas" que influye decisivamente en otros -"despertándoles"- como Lester Nygaard (Martin Freeman) o Molly Solverson (Allison Tolman). El resto de personajes, especialmente el incompetente jefe de policía Bill Oswalt (Bob Odenkirk), seguían "dormidos", ajenos al absurdo de la vida. Son los idiotas del mundo, borregos que acaban siendo presa fácil de lobos como Malvo.


No sé si Noah Hawley ha leído El mito de Sísifo de Camus, pero está claro que ha decidido -o aceptado- titular así este capítulo. Y eso quiere decir algo. Uno de los personajes "despiertos" de la primera temporada era Lou Solverson (Keith Carradine), cuyo pasado nos cuentan ahora, encarnado por Patrick Wilson. Lou es ahora el protagonista absoluto y no es descabellado pensar que resolver los crímenes a los que se enfrenta es una labor tan dura como empujar una pesada roca colina arriba. Pero además, podríamos argumentar que la investigación de Lou carece de sentido. Recapitulemos. El policía investiga un crimen múltiple perpetrado por el pringado de Rye Gerhardt (Kieran Culkin). Esto es importante, porque Rye no es realmente malo -su padre, sus hermanos mayores, sí lo son- sino simplemente imbécil. Pero más relevante es que Lou nunca podrá detener a Rye porque este ya está muerto. Fue atropellado por Peggy Blomquist (Kirsten Dunst) una mujer que decididamente parece una sonámbula: tras el accidente llegó a casa y preparó la cena como si no hubiese pasado nada. Una vez más, Peggy puede ser "tonta" pero no es realmente "mala". No es una criminal que represente un peligro real. Su marido, Ed (Jesse Plemons) tampoco. ¿Conseguiría algo Lou deteniéndolos? Creo que no. El verdadero "mal" lo representa la familia Gerhardt, pero en este capítulo se demuestra que tienen comprados a los jueces y a la policía local. Lou no puede luchar contra ellos, por mucho que empuje la roca hacia la cima de la colina. Tampoco puede hacer nada contra los matones de Kansas City, Mike Milligan (Bokeem Woodbine) y los hermanos Kitchen. Lo que parecen querer decirnos es que Lou se enfrenta a fuerzas superiores a él, equiparables al destino y a la muerte. 


Pero todavía hay más. Al situar cronológicamente esta temporada en 1979, nosotros, como espectadores, conocemos el futuro de los personajes de antemano. Esto quiere decir que, pase lo que pase, Lou va a sobrevivir, pero acabará retirado de la policía por una herida de bala. Tampoco podrá evitar Lou que su mujer muera de cáncer. Ahora bien, a pesar de todo esto, ¿Qué nos dice esta serie? Que el policía enfrenta su trabajo con la valentía propia de Gary Cooper en el western Solo ante el peligro (Fred Zinnemann, 1952). Lou va a empujar su roca cuesta arriba, sí, sabiendo que caerá por la colina, también, pero lo hará con toda la convicción del mundo. Y eso haría que Albert Camus sonriera. Creo. "Habría que imaginarse a Sísifo dichoso", dijo el filósofo.

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AMERICAN HORROR STORY: HOTEL -DEVIL´S NIGHT


DEVIL´S NIGHT (28 DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

El episodio de Halloween de cada entrega de American Horror Story suele deparar agradables sorpresas y esta temporada, Hotel, no es la excepción. Aunque hay que decir que la historia de este capítulo no apuesta precisamente por la diversión terrorífica que podríamos asociar con la noche de brujas. Una de las tramas principales se centra en el doloroso tema de los niños desaparecidos. Me refiero a Holden (Lennon Henry), el hijo vampiro del detective John Lowe (Wes Bentley) y su (futura) exmujer Alex (Chloë Sevigny). Esta acaba el episodio dispuesta al mayor de los sacrificios para recuperar a su hijo, permitiendo que la Condesa (Lady Gaga) la convierta también al vampirismo. Además, la trama incide en la culpa de un padre que ha perdido a su hijo en el flashback protagonizado por la limpiadora del hotel, miss Evers (Mare Winningham), que narra cómo fue raptado el suyo en Halloween, a manos de un macabro asesino en serie.


Devil´s Night versa principalmente acerca de la figura del asesino en serie, que ha estado presente, por cierto, en cada temporada de AHS. Esto resulta lógico, ya que el psycho-killer es el monstruo moderno por derecho propio, aunque últimamente tenga que competir con el zombie. Resulta interesante lo que propone la historia de este episodio -firmada por la guionista Jennifer Salt- porque plantea una situación que se presta al humor retorcido tan característico de la serie: cada noche de Halloween, el fundador del hotel, el asesino James March (Evan Peters), invita a cenar a los psicópatas más famosos de la historia. Esto, que como he dicho, parece tener cierta gracia, la pierde completamente si pensamos que los personajes invitados son asesinos en serie reales y recientes.


La lista de invitados incluye nada menos que a John Wayne Gacy (John Carroll Lynch, que ya interpretó al payaso asesino Twisty en Freak Show), quien violó y mató a 33 hombres jóvenes entre 1972 y 1978. Gacy se disfrazaba de payaso -tal como se ve en este episodio- y se le ha dedicado alguna película de bajo presupuesto, como Gacy (Clive Saunders, 2003). También asiste Richard Ramírez (Anthony Ruivivar), que mató a 14 personas -además de violaciones y secuestros- en los años 80. Ramírez también ha sido protagonista de alguna película menor que no citaré. Mucho más famoso es Zodiac, asesino famoso entre los años 60 y 70 por burlarse de la policía escribiéndoles cartas (hay una broma sobre esto en el episodio que nos ocupa). Nunca fue detenido y por eso aquí aparece encapuchado. Sobre él se han hecho películas como el clásico Harry, el sucio (Don Siegel, 1971) y la absorbente Zodiac (David Fincher, 2007). Todavía más retorcido es Jeffrey Dhamer (interpretado por el exFringe Seth Gabel), un asesino especialmente sádico que mató a 17 hombres con los que practicó la necrofilia y el canibalismo. Tal como se ve aquí, este monstruo anulaba la voluntad de sus víctimas taladrándoles la cabeza para inyectarles ácido en el cerebro. Su idea era crear zombies para convertirlos en esclavos sexuales. En serio. Por último, tenemos a Aileen Wuornos (interpretada por la recurrente Lily Rabe) famosa por haber sido encarnada por Charlize Theron en Monster (Patty Jenkins, 2003) y fallecida recientemente, en el año 2002. Resulta llamativo que los autores de AHS no hayan incluido al famosísimo Ed Gein, que ha inspirado las historias de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960); La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) y El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). Sobreutilizado, seguramente.


Pero lo que quiero decir con todo esto es que esta secuencia en la que cenan estos sujetos está planteada con el humor autoconsciente que exige semejante idea descabellada, pero al repasar los terribles hechos de cada criminal, cualquier sonrisa acaba necesariamente petrificándose. No estamos hablando de reunir a Jason Voorhees, Freddy Krueger, Michael Myers y Hannibal Lecter. Esta gente existió de verdad y sus víctimas experimentaron un sufrimiento muy real. Es aquí cuando los guionistas, a través del personaje -ficticio- de March, hacen un comentario sociológico sobre la figura del asesino en serie en la cultura estadounidense, al que colocan a la altura de los mitos -se menciona la Ilíada de Homero- al ser protagonista de novelas, películas, cómics y canciones. Un apunte interesante que me hace pensar en el innegable atractivo del mal y en Jack el destripador, utilizado ya alegremente como un personaje de ficción: después de 127 años, sus crímenes no duelen a nadie. Por cierto ¿Qué quiere decir que hayan invitado a una cena exclusiva para asesinos a John Lowe? ¿Nos están diciendo que él es en realidad el misterioso psicópata que se inspira en los diez mandamientos? Y un apunte más: los fantasmas bailan con el tema Sweet Jane -escrito por Lou Reed- que aparece en la banda sonora de la película Asesinos Natos (Oliver Stone, 1994). No creo que sea casualidad.

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YO, ÉL Y RAQUEL (ALFONSO GOMEZ-REJON, 2015)


Hay una web sobre cine que suelo leer que se llama Birth Movies Death. Nacer. Películas. Morir. Esas tres palabras podrían resumir el sentido de mi vida. Yo, él y Raquel, el título de esta cinta que no te debes perder, utiliza una sílaba más para expresar el mismo concepto. El original, Me, Earl and the Dying Girl incluye alguna palabra más, pero se acerca incluso más a la idea. Vivir a través del cine. Morir con él. Eso es lo que hace Gregg (Thomas Mann), el personaje al que se refiere el "yo" del título. Se trata de un chaval al que no me puedo sentir más cercano. Tímido y feo, nunca ha conseguido encajar. Por eso se ha esmerado toda su vida en no molestar. En estar bien con todos sin acercarse demasiado a nadie. Su único amigo, con el que no tiene nada en común, es más bien un compañero de "trabajo". Gregg y Earl (RJ Cyler) se dedican a hacer películas-homenaje. Aman tanto el cine que utilizan su tiempo libre para rehacer -a lo cutre- los clásicos que les han marcado. Y eso mola. En Yo, él y Raquel aparecen algunas de estas películas amateur-spoof -films dentro del film como en Rebobine, por favor (Michel Gondry, 2008)- y por eso hay un montón de citas cinéfilas en la película. Aparecen Werner Herzog -y Klaus Kinski-; Los 400 golpes de Truffaut y la nueva ola francesa; los zombies de George A. Romero -en una chaqueta-; Taxi Driver de Martin Scorsese en una tele; Sergio Leone a través de la música de Morricone; y Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958) y Coppola y hasta Hugh Jackman haciendo de Lobezno. Todas esas referencias son suficientes para que esta película sea simpática, pero estamos ante una obra que es bastante más que eso. La historia comienza como una de esas comedias amables con las que te identificas, sin más, pero tiene uno de los clímax más emotivos que he visto nunca -que me hizo pensar en Kubrick, en 2001: Una odisea en el espacio (1968)- y que se vale del gigantesco tema The Big Ship de Brian Eno, para luego rematar con un epílogo tan bonito que le daría envidia a Wes Anderson. El director, Alfonso Gomez-Rejon, utiliza aquí todos los trucos de cámara -esos planos desequilibrados, giratorios- que ensayó en American Horror Story y consigue una película que hace que al salir de la sala, la vida (real) te parezca más intensa. Más como el cine.