Mostrando entradas con la etiqueta The Walking Dead. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta The Walking Dead. Mostrar todas las entradas

THE WALKING DEAD: VIVIR Y MORIR POR NEGAN


La séptima temporada de The Walking Dead prometía mucho más. Recordemos que la historia se abría justo donde había quedado la entrega anterior, en un cliffhanger espectacular centrado en Lucille, el temible bate de béisbol recubierto de alambre de espino de Negan (Jeffrey Dean Morgan). Nos dejaban con la insoportable duda sobre qué personaje perdería la vida. Así, la serie creada por Robert Kirkman, retomaba su historia con un capítulo muy esperado que fue sin duda un acontecimiento mediático. El violento Negan cumplía con las expectativas convirtiéndose en uno de los más interesantes, y el más cruel, de los villanos de la ficción catódica. La tensión de ese primer episodio era tremenda y la violencia con la que el líder de los temibles Salvadores apaleaba a su víctima, extrema y controvertida. No por nada, uno de los productores ejecutivos -y director de los episodios importantes- es Greg Nicotero, maestro del maquillaje y los efectos especiales de películas como Terroríficamente muertos (Sam Raimi, 1987) y Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003). Digamos ya que ese primer capítulo, The Day Will Come When You Won't Be, fue el mejor de la séptima. Y eso no es bueno. A pesar de lo emocionante de dicha entrega, encontramos en ella el principal defecto de toda la serie: una narrativa deficiente. Los guionistas estiraron todo lo posible la resolución de la incógnita que más nos interesaba, la identidad de los personajes que morían. Pero lo hacían de forma tramposa, desordenando cronológicamente el relato sin ninguna justificación e incluyendo engañosos insertos de todos los personajes muriendo, que no eran más que imaginaciones del protagonista, Rick (Andrew Lincoln). Así, The Walking Dead estira y engaña. Esto no es malo en sí mismo, pero es que encima, se hace sin demasiada gracia.



Tras dejarnos con la boca abierta en la presentación de Negan, el argumento de esta séptima temporada se ha alejado una y otra vez de esa trama, la principal, con episodios íntegramente situados en escenarios fuera de Alexandria, hogar de los protagonistas. Visitamos así la monarquía medieval de El Reino; el aterrador Santuario de los Salvadores; la cobarde Hilltop; o una nueva comunidad íntegramente femenina llamada Oceanside. Estas desviaciones del relato tienen un interés relativo, pero definitivamente no igualan en ningún momento la fuerza dramática de las escenas entre Negan y los personajes principales. Porque además, en esos episodios se adopta el punto de vista de secundarios como Carol (Melissa McBride) y Morgan (Lennie James); el desfigurado Dwight y hasta Tara (Alanna Masterson). Personajes que no tienen el carisma de los más reconocibles -y mejor dibujados- Rick, Daryl (Norman Reedus), Michonne (Danai Gurira) o incluso Maggie (Lauren Cohan). El resultado es una temporada irregular en la que se alternan entregas interesantes -Service- con otras más bien soporíferas como SwearHostile and Calamities o incluso Say YesSe puede decir que The Walking Dead se muere de éxito: el gran carisma de Negan hace que todas las demás situaciones palidezcan en comparación.




Lo que no quiere decir que la temporada haya carecido de buenos momentos e ideas -extraídos del cómic original, muchos de ellos- como la imagen del rey Ezekiel (Khary Payton) y su tigre; el humillante trasfondo de la historia de Dwight; los zombies que salen de la arena en Swear o los que emergen de un buque hundido en Something they Needla escena macarra en la que Rick y Michonne despedazan muertos vivientes con un cable que conecta sus coches en Rock in the Roadla criatura acorazada con pinchos de New Best Friendsla artimaña post-11S de Richard (Karl Makinen) para forzar el enfrentamiento con los Salvadores de Bury Me HereLamentablemente, creo que los aciertos no superan a los fallos. Como la incoherente escapada romántica de Say Yes; el cansino aislamiento de Carol; el casi olvidado embarazo de Maggie; las misiones suicidas de Carl (Chandler Riggs), Jesus (Tom Payne), Sasha (Sonequa Martin-Green) y Rosita (Christian Serratos) que predeciblemente fracasan; y sobre todo, la fallida evolución de Rick, que se vuelve un cobarde ante Negan y luego decide luchar de nuevo sin que nada justifique convincentemente sus cambios de actitud. El season finale -en el que normalmente la serie eleva el nivel para enganchar- nos deja un episodio entretenido, sin duda, pero decepcionante. El argumento acumula giros en la acción para sorprendernos, pero también incluye flashbacks que ralentizan el ritmo. Se cumple la regla de la muerte de un personaje -más o menos- importante, pero, en definitiva, se retoma la dinámica de la primera entrega: el clímax vuelve a poner a los héroes a merced de Lucille y Negan. Entonces aparece un antiguo cliché cinematográfico: la caballería salvadora, el Halcón Milenario que aparece de la nada, un Deus ex Machina en forma de tigre que seguramente dará mucho que hablar en las redes.

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- SOMETHING THEY NEED


SOMETHING THEY NEED (26 DE MARZO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

Creo que ya es habitual, a estas alturas de cada temporada de The Walking Dead, un episodio como el que nos ocupa, en el que se mezclan varias tramas planteadas al inicio. Se mezclan con cierta prisa por atar cabos antes del season finale, cuando en los primeros capítulos el ritmo suele ser lentísimo. Se intercalan además las tramas produciendo cierta extrañeza, ya que al principio cada una de estas historias había ocupado un episodio entero. Por ejemplo, en Swear, el argumento se dedicaba enteramente a la comunidad escondida de mujeres que descubre Tara (Alanna Masterson), con las que nos reencontramos aquí. Lo mismo ocurría con episodios íntegramente dedicados a Maggie (Lauren Cohan) en el pueblo de Hilltop y su conflicto con el cobarde Gregory (Xander Berkeley). Lo mismo con episodios situados completamente en la guarida de los Salvadores, protagonizados por personajes secundarios como Dwight (Austin Amelio) -ese que creímos que era Daryl (Norman Reedus) en la entrega anterior- y Eugene (Josh McDermitt), que aquí se confirma como un traidor. Todo esto se mezcla en este capítulo -hay que sumar el intento de venganza de Sasha (Sonequa Martin-Green)- produciendo una sensación extraña, porque no estamos acostumbrados a que TWD tenga una estructura argumental de varias tramas. Se nos hace raro que la narrativa de la serie se divida en múltiples personajes, puntos de vista e historias, como, en realidad, suele ser habitual en la ficción televisiva. La verdad, lo de intercalar las historias es un recurso que aporta un -falso- dinamismo, ya que cuando saltas de una cosa a la otra, de un escenario al siguiente, parece que "algo pasa". No habría que quejarse, por tanto, de este atar cabos, aunque sí podemos criticar que el viaje a la comunidad de mujeres, Oceanside, era predecible, como las respectivas traiciones de Dwight y Eugene. Tampoco creo que podamos esperar nada bueno de Gregory. Luego está la decisión de hacer una elipsis y no contarnos la incursión de Sasha en la base de los Salvadores. Cuesta imaginar lo que ocurre entre la última vez que la vimos, infiltrándose en el complejo con un arma y lo que nos muestran ahora, cuando la han hecho prisionera. ¿Cómo es que no la mataron? Puede resultar coherente que Negan (Jeffrey Dean Morgan) quiera reclutar a Sasha porque se haya ganado su respeto, pero cada vez me cuesta más justificar que nadie intente matar al abusivo líder de los Salvadores. ¿Tanto miedo da? Lo mejor del episodio, esos zombies saliendo de un buque hundido, podridos tras pasar mucho tiempo bajo el agua, sus carnes putrefactas infestadas por los crustáceos. 

CAPÍTULO ANTERIOR: THE OTHER SIDE

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- THE OTHER SIDE


THE OTHER SIDE (19 DE MARZO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

Perdonen ustedes el spoiler, pero en la película Valkiria (2008) de Bryan Singer, protagonizada por Tom Cruise, el plan para asesinar de Hitler fracasa. Perdonen ustedes la broma, pero esta constatación tan obvia me sirve para expresar la relativa pereza que me da la misión de Sasha (Sonequa Martin-Green) y Rosita (Christian Serratos) para matar a Negan (Jeffrey Dean Morgan). Es verdad que en Valkiria teníamos los conocimientos históricos para conocer de antemano el desenlace -aunque un año después Quentin Tarantino nos sorprendió a todos en Malditos Bastardos (2009) saltándose a la torera la fidelidad histórica- y que en esta serie nada impide que maten al líder de los Salvadores, pero ¿alguien se cree que van a matar a Negan tan pronto después de todo lo que nos han hecho esperar? Yo no. Aunque es cierto que esa aparición final de Daryl (Norman Reedus) -creo que es Daryl- cambia un poco las cosas: implicar a un personaje importante de la serie aporta interés. Precisamente, dos de los principales protagonistas tienen el mejor momento post-Negan: unos emocionados Daryl y Maggie (Lauren Cohan) se abrazan, por fin, confesando sus sentimientos tras la muerte de Glenn (Steven Yeun). El de la ballesta se siente culpable, y ella le pide que postergue sus sentimientos de venganza y la ayude a ganar a los Salvadores. Momentazo. Por lo demás, somos testigos de nuevos ejemplos del abuso de poder de los hombres de Negan y de la cobardía de Gregory (Xander Berkeley). También se desvela la homosexualidad de Jesus (Tom Payne) y que Eugene (Josh McDermitt) podría, verdaderamente, haber cambiado de bando.

CAPÍTULO ANTERIOR: BURY ME HERE

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- BURY ME HERE


BURY ME HERE (12 DE MARZO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

En una narrativa convencional, digamos occidental, aristotélica, no hay muchas formas de plantear una historia. Básicamente, hay un conflicto que acaba resolviéndose. En esta séptima temporada de TWD el conflicto está clarísimo: un grupo, los Salvadores, somete a varias comunidades, por lo que tarde o temprano -más bien tarde- habrá un enfrentamiento bélico. El interés de toda historia no es tanto alcanzar ese clímax, más o menos predecible, sino lo que nos cuentan hasta llegar a él. En este temporada, una de las comunidades amenazadas es el llamado Reino. Hemos presenciado, al menos, tres encuentros entre los hombres del rey Ezekiel (Khary Payton) y los Salvadores durante lo que va de esta séptima entrega. En cada uno de esos encuentros, hay una tensión tremenda por la posibilidad de que estalle la violencia entre ambos grupos. Pero eso nunca ocurre, lo que resulta frustrante. Aquí, volvemos a presenciar no uno, sino dos encuentros, entre ambas comunidades y, como era de esperar, no se produce el enfrentamiento. ¿Cuántas veces nos tienen que contar la misma situación hasta que nos parezca repetitiva? Al final de este episodio, Ezekiel dice, por fin, que hay que luchar. Pero matiza: hoy no. Obviamente, la lucha ocurrirá en el último episodio de la temporada... o quizás en el primero de la octava. No sorprende a nadie, a estas alturas, que el mayor defecto de The Walking Dead es dar demasiados rodeos. Incluso los progresos argumentales, que los hay en este capítulo, parecen apagados: Morgan (Lennie James) rompe su código moral y mata; un personaje relativamente importante, Benjamin (Logan Miller), encuentra su destino; también se cierra la subtrama de Richard (Karl Makinen) y su conspiración para provocar la lucha; finalmente, Carol (Mellisa McBride) descubre la verdad, abandona su aislamiento. Para provocar nuestro interés, hay dos misterios en esta historia, más o menos atractivos: el primero, ¿por qué alguien se tomaría la molestia de movilizar un camión para transportar un solo melón? Y ¿Quién ha cavado su propia tumba?

CAPÍTULO ANTERIOR: SAY YES

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- SAY YES



SAY YES (7 DE MARZO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

Os voy a dar una pista: cuando aparezca en los créditos, al principio de un episodio de The Walking Dead, que Greg Nicotero es el director, estaréis ante un capítulo interesante. Nicotero, experto en efectos especiales y de maquillaje, fundador de KNB -la "n" es de Nicotero- ha participado en clásicos del gore como El día de los muertos (George A. Romero, 1985) o Terroríficamente muertos (Sam Raimi, 1987), es el productor ejecutivo de esta serie y suele dirigir el primer episodio y los finales de cada temporada. Tras un par de entregas anodinas, aquí vuelve Nicotero tras la cámara y la cosa mejora sensiblemente. Y con esto no quiero decir que este director sea mejor realizador que el resto de la plantilla ni que sea su talento el que eleve la calidad del capítulo. Creo que, más bien, Nicotero se reserva los momentos importantes, los que tienen a los protagonistas, los que cuentan con los mejores guiones. Aún así, tengo sentimientos encontrados con respecto a este Say Yes. Por un lado, estamos ante un argumento entretenido, mucho más agradecido que las últimas entregas que hemos tenido que padecer. Esto es así por varios motivos. Primero, por el protagonismo de Rick (Andrew Garfield), personaje central de la serie, uno de los más desarrollados de esta ficción, cuyas evoluciones nos interesan genuinamente. Segundo, porque le acompaña Michonne (Danai Gurira), uno de los personajes más carismáticos -¡Lleva una katana!-. Tercero porque salen zombies, que para algo esto es una serie de muertos vivientes, aunque a veces no lo parezca. Pero además, la historia que se plantea, una "escapada romántica" de Rick y Michonne para buscar armas, es relativamente original y fresca. Tiene acción, tiene desarrollo de personajes, hay momentos de agobio -aunque nadie se ha creído que Rick podría morir ¿o sí?- y un escenario curioso y atractivo: un circo abandonado. La pega es que, una vez más, estamos ante una desviación del argumento principal de la temporada -el enfrentamiento entre los protagonistas y el grupo de Negan (Jeffrey Dean Morgan)- un defecto recurrente de esta serie, que insiste en dilatar su historia. Estas desviaciones narrativas no tienen nada de malo en sí mismas -grandes series como Perdidos (2004-2010) y Fringe (2008-2013) las han explotado con éxito- pero creo que en TWD estos rodeos superan en minutos a la historia central. No se corresponden, además, estos desvíos con la amenaza constante de los Salvadores, que hacen relativamente incoherente la relajación que muestran aquí los personajes. Por otro lado, el episodio incluye una subtrama protagonizada por Rosita (Christian Serratos) que decide poner en marcha un plan por su cuenta para matar a Negan. Una línea narrativa algo forzada teniendo en cuenta que el grupo entero ya se ha decidido por el enfrentamiento.

CAPÍTULO ANTERIOR: HOSTILES AND CALAMITES

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- HOSTILES AND CALAMITIES


HOSTILES AND CALAMITIES (26 DE FEBRERO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

¿Por qué nos hacéis esto? The Walking Dead hace un nuevo parón en la historia principal, esa que llevará al enfrentamiento entre los protagonistas liderados por Rick (Andrew Garfield) y los malvados Salvadores de Negan (Jeffrey Dean Morgan). Esa que es lo queremos ver. De hecho, en este capítulo volvemos atrás en la narración, al momento en el que Daryl (Norman Reedus) escapa, con la ayuda, descubrimos ahora, de Sherry (Christine Evangelista). Lo que propone este episodio es una suerte de trama espejo entre dos personajes, uno de cada grupo, Eugene (Josh McDermitt) y Dwight (Austin Amelio), que parecen abocados a cambiar de bando. Pero no lo hacen del todo. Así, tenemos un episodio entero dedicado a dos personajes secundarios, no precisamente los más carismáticos del reparto, aunque tengan sus elementos de interés. La interpretación monocorde de Eugene nos hace dudar de si realmente podría llegar a unirse a Negan: el momento en el que se come el pepinillo, parece indicar que acepta el pago por sus servicios traidores, y recordemos que comenzó siendo un mentiroso en esta serie -decía conocer el paradero de científicos que tenían una cura o algo así-. Por el contrario, Dwight parece estar siempre a punto de volverse contra Negan -tiene un montón de razones para hacerlo, la más importante es Sherry- pero enseguida reitera su fidelidad al tío del bate. En todo caso, ambos personajes se mantienen en esa ambigüedad que, en realidad, no resulta demasiado interesante ahora mismo, pero seguramente jugará un papel crucial en el esperado enfrentamiento final entre los grupos. ¿El problema de todo esto? El de siempre: el orden de lo narrado es lo peor de The Walking Dead. Sus saltos temporales hacia atrás, sus desviaciones de la historia principal, no aumentan el interés, sino todo lo contrario.

CAPÍTULO ANTERIOR: NEW BEST FRIENDS

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- NEW BEST FRIENDS



NEW BEST FRIENDS (19 DE FEBRERO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

Avanza The Walking Dead pisando el freno constantemente. Una situación de tensión máxima entre los Salvadores y los habitantes del Reino parece que va a desencadenar el conflicto que estamos esperando entre los buenos y los malos. Pero la situación se calma sin que la sangre llegue al río. Richard (Karl Makinen) se decide a emprender la guerra por su cuenta, recluta a Daryl (Norman Reedus), pero el plan del primero fracasa -un autoatentado que obligaría a Ezekiel (Khary Payton) a declarar la guerra- porque la víctima sería nada menos que Carol (Melissa McBride). Lo que sigue es el reencuentro entre esta y Daryl, emocionante sin duda, pero que tampoco nos lleva a nada. Daryl miente a Carol sobre los Salvadores y le oculta la muerte de Glenn y Abraham para que ella pueda seguir viviendo aislada y en paz. Como veis, cada paso hacia adelante, hacia el enfrentamiento con los enemigos, es frenado por algo que lo contrarresta. El objetivo puede ser alargar la trama. El resultado, cierta frustración en el espectador que desea una mayor agilidad narrativa. Lo malo es que los finales resultan predecibles ¿O alguien duda de que habrá conflicto con los Salvadores y que Carol volverá al grupo? Veremos. Lo mejor de este episodio tiene que ser, por tanto, el encuentro de los protagonistas con esos "nuevos mejores amigos". Una comunidad postapocalíptica, casi más medieval que el propio Reino, liderada por la exótica Jadis (Pollyanna McIntosh). Este grupo tiene un rito de iniciación, una prueba de fuego, que consiste en echar al extranjero a un agujero -entre coches, entre chatarra- habitado por un zombie tuneado con armadura y pinchos. Algo parecido a la mazmorra del rancor en El retorno del Jedi (1983) o el foso de El ejército de las tinieblas (1992). El monstruo no tiene el más mínimo sentido, pero mola un montón.

CAPÍTULO ANTERIOR: ROCK IN THE ROAD

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- ROCK IN THE ROAD



ROCK IN THE ROAD (12 DE FEBRERO DE 2017) -AVISO SPOILERS-

El problema con The Walking Dead no es lo que cuenta, ni cómo lo cuenta, sino la organización de lo contado. Recordemos que esta séptima temporada empezó con la potente continuación de la presentación del sanguinario Negan (Jeffrey Dean Morgan), villano tan cruel como carismático que personifica el conflicto principal esta temporada. Sin embargo, tras esa primera entrega, la historia comenzó a desviarse hacia otras tramas, hacia otras poblaciones humanas post-apocalípticas. Una de esas comunidades fue el Reino, liderado por el rey Ezekiel (Khary Payton), al que se dedicaba un episodio entero, The Well. Pues bien, tras siete capítulos, la trama regresa al Reino. Rick (Andrew Lincoln) y compañía visitan a Ezekiel para pedirle ayuda contra los Salvadores. El problema es que el guión afronta la llegada de los protagonistas al Reino como si fuera la primera vez que nos cuentan esto. Lo que anula la función dramática de aquel segundo episodio, ya que casi no necesitamos haberlo visto para entender lo que pasa aquí. En mi opinión, esto evidencia las estrategias de los guionistas de TWD para estirar la historia innecesariamente. Lo que es peor, tenemos en este capítulo una sensación de repetición: los caballeros, el tigre, el trono de Ezekiel, ya no nos sorprenden. Aunque sea divertido ver la reacción de Rick y compañía. Por otro lado, la anécdota que da título al episodio, esa extraña fábula moral que cuenta Rick a Ezequiel, la de la roca en el camino, resulta más bien floja ¿o no? Pues bien, tras la segunda visita al Reino, la historia progresa para presentarnos la set piece más importante del capítulo. Los personajes intentan robar explosivos colocados por los Salvadores, mientras se acerca una enorme horda de zombies -por fin vemos algunos- y los propios Salvadores se dirigen a Alexandria para buscar a Daryl (Norman Reedus). Con el tiempo en contra, esta secuencia deja al descubierto, sin embargo, las carencias como director de Greg Nicotero, que no consigue transmitir del todo la tensión de la situación. Lo bueno viene después, cuando Rick y Michonne (Danai Gurira) utilizan un cable atado a dos coches, a toda velocidad, que mutila a los muertos vivientes que se cruzan en su camino. Un momento macarra que parece más propio de la divertida Planet Terror (Robert Rodríguez, 2007) -Nicotero, por cierto, se encargó en ella de los FX-. Mencionemos además que el capítulo tiene un prólogo y un epílogo enigmáticos. Veremos.

CAPÍTULO ANTERIOR: HEARTS STILL BEATING

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- HEARTS STILL BEATING


HEARTS STILL BEATING (11 DE DICIEMBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

No creo que la trama principal de lo que va de temporada de TWD resista el más mínimo análisis dramático. El conflicto entre los protagonistas y Negan (Jeffrey Dean Morgan) arrancó con fuerza en el primer episodio, pero apenas ha tenido desarrollo en las siguientes siete entregas, de las que, al menos cuatro, se desvían en subtramas más o menos relacionadas con el núcleo argumental. Este octavo capítulo no aporta nada nuevo, en el sentido de que se limita a desarrollar historias planteadas en el anterior. Así, Rick (Andrew Lincoln) y Aaron (Ross Marquand) penetran en el interior del territorio de un personaje misterioso para hacerse con sus armas y pertenencias, subtrama que tiene la única "acción-zombie" del capítulo, pero que no aporta nada más. Maggie (Lauren Cohan) sigue perfilándose como posible líder en la comunidad de Hilltop; Carol (Melissa McBride) continúa su aislamiento en el Reino; y, principalmente, Negan aterroriza a los habitantes de Alexandria mientras espera la vuelta de Rick. Paralelamente, Michonne (Danai Gurira) desiste de su misión para asesinar a Negan, al darse cuenta de la superioridad numérica de los "Salvadores". Esta historia resulta completamente anticlimática, y su resolución visual es una buena muestra de las pretensiones de los autores de esta serie: en un plano general, vemos el coche que Michonne comparte con una de los "Salvadores", a la que mata fríamente. Pero lo hace prácticamente "fuera de campo", ya que apenas distinguimos dos pequeñas siluetas dentro del coche. Este tratamiento de la violencia resulta curioso, ambicioso, y personalmente me recuerda otra solución visual utilizada por Quentin Tarantino -en un elaborado plano secuencia- en Jackie Brown (1997) para enseñarnos una ejecución en el maletero de un coche. ¿Puede permitirse una serie de éxito como TWD estas estrategias de distanciamiento? No lo sé. 


A esto hay que añadir que en el episodio ocurren varias cosas importantes, no demasiado bien resueltas. Veamos. Por un lado, Daryl (Norman Reedus) escapa de los "Salvadores", pero la fuga se nos escatima relativamente: solo vemos parte de la misma, una elipsis, algo rácana, nos muestra al de la ballesta directamente de regreso en Hilltop. La fuga tiene un momento curioso: Daryl mata a Fat Joey (Joshua Hoover), el más simpático de los "Salvadores", discriminado por su sobrepeso, que encima pedía clemencia. Que Daryl le mate parece un comentario sobre la "banalidad del mal". Fat Joey intenta escudarse en el consabido "solo seguía órdenes", pero Daryl le encuentra culpable de todas maneras. El otro hecho importante es que Rosita (Christianh Serratos) hace uso -por fin- de la bala que le ha fabricado Eugene (Josh McDermitt) disparando contra Negan. Obviamente falla, pero el momento tampoco se nos muestra, utilizando la pausa publicitaria como elipsis para decirnos luego que el bate de Negan, "Lucille", ha detenido el proyectil. La idea resulta un tanto inverosímil. Como castigo, Negan ordena la muerte de alguien, pero no es Rosita la ejecutada, sino Olivia (Ann Mahoney), un personaje bastante menos importante. Es aquí donde veo flojos a los guionistas: deberían haber matado a Rosita. Algo más satisfactoria resulta la muerte de Spencer (Austin Nichols) que intentaba hacerle la pelota a Negan. Llegamos así al punto más endeble de la temporada: el arco de transformación de Rick. El expolicía parece reaccionar tras la muerte de Spencer, que parece ser la última gota que rebasa su capacidad de aguantar los abusos de Negan. Rick pasa así de tener una actitud cobarde y servil -justificada por la fuerza de los "Salvadores"- a reencontrarse con su grupo para atacar a sus enemigos en un futuro. En mi opinión, estas evoluciones del personaje de Rick no han sido desarrolladas satisfactoriamente. Tanto la primera decisión del protagonista, de no luchar, como esta esperada reacción, me resultan bruscas, poco justificadas. Una pena, porque lo mejor de la serie hasta ahora había sido precisamente una cuidada progresión del personaje de Rick.

CAPÍTULO ANTERIOR: SING ME A SONG

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- SING ME A SONG


SING ME A SONG (4 DE DICIEMBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Todos quieren matar a Negan (Jeffrey Dean Morgan) en el segundo episodio de esta séptima temporada en el que parece que pasa algo. El inicio del capítulo, la incursión de Carl (Chandler Riggs) en territorio de los Salvadores tiene la intensidad de un climax, pero dura poco. Muy poco. Seamos sinceros: lo lógico es que Negan mate al chaval. El propio Carl así se lo dice a su enemigo tras ser capturado. Pero Negan no lo hace. Las razones no son demasiado claras -se supone que ve valiosos a Rick, Carl y Daryl por lo que pretende reclutarles- pero no sé si los guionistas piensan justificar este punto en algún momento. Este episodio, en realidad, es una reiteración de la crueldad de Negan. Tiene muchas esposas -el cabrón, encima, es machista- castiga quemando con una plancha a uno que ha quebrantado las reglas -eso fue lo que le pasó a Dwight (Austin Amelio)- y llama "gorda" a Olivia (Ann Mahoney). Negan es lo peor. Ahora mismo es Hitler y por eso un montón de personajes emprenden misiones suicidas para eliminarlo. El problema es que, como con Hitler, sabemos que no lo van a matar, todavía. Como sabemos que Negan no va a matar a Carl, o a Rick (Andrew Garfield). En principio. La pregunta entonces es qué tiene que ocurrir en el argumento para que la muerte de Negan sea dramáticamente satisfactoria. El episodio acaba con el villano sujetando a la pequeña Judith en brazos. No serán tan cabrones ¿o sí? Hitchcock decía que los espectadores nunca perdonan que se mate a un crío en una película. Walter White (Bryan Cranston) casi lo hace en Breaking Bad (2008). Casi. Por otro lado, Jesus, Michonne, Rosita -y probablemente Dwight- avanzan para intentar matar a Negan. Además, el hijo de la alcaldesa, Spencer (Austin Nichols), también planea algo, y Rick se acerca a un misterioso personaje que podría tener armas. Pasan muchas cosas, demasiadas, y resultan difíciles de pillar con la narrativa fragmentada que usa TWD para parecer una serie de calidad. Pasan muchas cosas en este episodio porque no ha pasado casi nada el resto de la temporada. 

CAPÍTULO ANTERIOR: SWEAR

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- SWEAR


SWEAR (27 DE NOVIEMBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Creo que todos los que seguimos TWD estaremos de acuerdo en que lo más interesante es la historia de Rick (Andrew Garfield) y del grupo de personajes protagonistas. Esta temporada, se enfrentan a la amenaza de Negan (Jeffrey Dean Morgan), atractivo villano capaz de una crueldad difícil de igualar. Este enfrentamiento ha sido el conflicto central del último capítulo de la temporada anterior y de la primera entrega de la que nos ocupa. Ahora bien, tras ese -celebrado- primer episodio, la historia de Rick contra Negan no ha avanzado prácticamente nada. Casi cada episodio se ha ocupado de otras tramas, con otros personajes -secundarios- desviándose siempre del tronco central de la historia. Esto vuelve a ocurrir con Swear, capítulo protagonizado por dos personajes que casi no recordaba: Tara (Alanna Masterson) y Heath (Corey Hawkins). Los hechos ocurren, además, en un nuevo escenario, alejado del epicentro dramático de la serie: una comunidad de supervivientes habitada solo por mujeres. Esto podría dar pie a una parábola política  o social sobre el matriarcado, pero realmente solo reincide en los temas recurrentes de la serie: la desconfianza en el otro, el ejercicio del poder, la justificación de la violencia, la ley del más fuerte y la supervivencia como el valor más importante del nuevo orden post-apocalipsis zombie. La idea de una comunidad de mujeres armadas hasta los dientes es interesante, hay imágenes potentes como la de los muertos vivientes emergiendo de las arenas, pero la tensión resulta nula porque creo que estos personajes no nos importan demasiado. Tampoco ayuda al interés la estructura narrativa en flashbacks desordenados, un problema que comienza a ser crónico en esta serie. Seguramente todo lo que estamos viendo repercute de alguna manera en el desenlace de la temporada, pero el camino hacia ese clímax en el que todo encajará resulta tedioso.

CAPÍTULO ANTERIOR: GO GETTERS

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- GO GETTERS



GO GETTERS (20 DE NOVIEMBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Hay que empezar a llamar a las entregas de TWD como la que nos ocupa, capítulos "de tesis". La historia resulta soporífera, apenas tiene acción, porque lo importante es transmitir un mensaje, por lo demás, bastante sencillo, en este caso sobre el ejercicio del poder. Básicamente, el poder, aquí en manos de "los salvadores", corrompe. Los poderosos -representados por Simon (Steven Ogg), para que Negan (Jeffrey Dean Morgan) descanse- son hijos de puta que no dudan en abusar de su posición. La verdad es que no necesitamos ver una serie sobre zombies para descubrir esto. Es quizás más interesante el comentario sobre "el intermediario", Gregory (Xander Berkeley), un imbécil, un cobarde según Maggie (Lauren Cohan), que tiene el poder en su comunidad pero no es más que el recadero de los hombres de Negan. Se podría hablar aquí de la banalidad del mal, de los que solo "obedecen órdenes". Ante la maldad y la incompetencia de estos líderes tenemos a los "hombres de bien" que no hacen nada -recordemos la cita del pensador Edmund Burke-. Maggie, Sasha (Sonequa Martin-Green) y Jesús (Tom Payne) son mucho más adecuados para liderar que Gregory, pero precisamente su honestidad y sabiduría evitan que tomen el mando para imponer su voluntad. El problema es que por ello el poder recae en los menos interesados en el bien general. Maggie, sin embargo, toma la iniciativa en la secuencia más potente del episodio, cuando "los salvadores" castigan a los de la comunidad de Hilltop, abriendo sus puertas de par en par y generando ruido con un coche trampa que atrae a una multitud de zombies. Maggie resuelve la situación, lo que inspira a Jesús para enfrentarse al inútil de Gregory. La pregunta es, si lo que nos están diciendo con todo esto, es que Rick (Andrew Lincoln) se está convirtiendo en un líder cobarde como Gregory. Por lo demás, Carl (Chandler Riggs) y su novieta Enid (Katelyn Nacon) emprenden un viaje iniciático de ritmo lento y en definitiva poco interesante. Solo al final del episodio parece que se activa, por fin, una esperada reacción, por parte de los persoajes -Sasha, Jesús y Carl- de hacer algo para enfrentarse a Negan.

CAPÍTULO ANTERIOR: SERVICE

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- SERVICE


SERVICE (13 DE NOVIEMBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Negan (Jeffrey Dean Morgan) tiene que matar de nuevo para que esto vuelva a ser interesante. Y eso que estoy en contra de las muertes como cebo. Siempre prefiero el desarrollo de un personaje, mucho más duradero en el tiempo, mucho más satisfactorio, que el giro inesperado de una muerte, que sorprende en el momento pero luego se queda en nada. El mejor ejemplo es Juego de Tronos, que eliminó en sus primeras temporadas a protagonistas que quizás habría sido más interesante mantener con vida. Lo que sí consiguió en su momento la serie de George R. R. Martin es que estuviéramos siempre en tensión, temiendo la eliminación de alguno de nuestros personajes favoritos. Ese es el efecto que necesita desesperadamente este episodio de TWD: que volvamos a temer que Negan pueda cargarse a cualquiera. Aquí, perdona demasiadas vidas: la de Carl (Chandler Riggs), la de Daryl (Norman Reedus) e incluso la de la pobre Olivia (Ann Mahoney), a la que no habríamos echado de menos ni siquiera un poco. La efectividad de la trama en este capítulo se basa en hacernos creer que Negan puede matar a uno de los miembros del grupo que vive en Alexandria en cualquier momento. Y creo que esto no se consigue, lo que reduce bastante el interés de la historia. La otra opción habría sido desarrollar a Negan, profundizar en este villano que ciertamente ha dejado una primera impresión memorable en el espectador. Pero en este capítulo el líder de "los salvadores" comienza a parecer plano y la interpretación de Jeffrey Dean Morgan empieza a resultar repetitiva: la eterna sonrisa, la cadencia al hablar, el encogerse de hombros con cada frase. Negan corre el riesgo de dejar de parecer peligroso y de convertirse en una caricatura.

CAPÍTULO ANTERIOR: THE CELL

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- THE CELL


THE CELL (6 DE NOVIEMBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-


Daryl (Norman Reedus), capturado por los salvadores de Negan (Jeffrey Dean Morgan), obligado a comer bocadillos de comida de perro, torturado con la canción Easy Street de Collapsable Hearts Club, apaleado tras intentar escapar, solo llora cuando le muestran una misteriosa polaroid -al menos yo no pude ver qué imagen contiene la foto-. Pero es que el episodio no va de Daryl. Va de Dwight (Austin Amelio). Normalmente no me interesan demasiado las desviaciones que toma la serie, obviamente para alargar la trama. Pero en este caso, el desfigurado Dwight resulta ser un personaje bastante interesante que aquí revela su ambivalencia como villano cruel y víctima del todavía más sádico Negan. La secuencia musical que resume su vida -la canción es la famosa Town Called Malice de The Jam- es estupenda, y que el resumen de la capacidad de Dwight para abusar de los demás sea la preparación de un suculento sandwich, es muy buena. Dwight es interesante porque está enamorado de su mujer y porque su relación con Negan está cargada de tensión: le obedece ciegamente, pero intuimos que también le odia. La trama solo falla cuando Dwight captura a un miembro huido: este verbaliza el conflicto con Negan de una forma demasiado explícita.


CAPÍTULO ANTERIOR: THE WELL

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- THE WELL


THE WELL (30 DE OCTUBRE DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Hay un apunte interesante en este episodio de TWD, justo al principio, cuando Carol (Melissa McBride), convaleciente por las heridas sufridas la pasada temporada, ve a los zombies como si fueran personas vivas. Esto da pie a imágenes bastante inquietantes y a otras que llevan a la reflexión: estamos acostumbrados a ver cómo los muertos vivientes son eliminados sin piedad, pero cuando tras cada golpe se convierten en seres vivos, la cosa cambia, moralmente. La idea es buena y refleja el estado psicológico de Carol, que de ser una víctima se fue endureciendo hasta convertirse en una asesina eficiente, pero que acaba de venirse abajo. Carol ya no soporta más muertes y busca la soledad, el aislamiento: es la forma más segura de no volver a perder a nadie y sobre todo, de no tener que matar a nadie. El problema es que este desarrollo del personaje se traduce en un coñazo de historia. Carol huye constantemente y los guionistas han establecido que Morgan (Lennie James) vaya detrás de ella. La pareja se ha convertido en algo así como la cara B de la serie, viven sus historia en paralelo a los otros personajes y aquí se convierten en protagonistas del capítulo. Lo malo es que, en realidad, queremos ver a los titulares del equipo, no al banquillo. Si el primer episodio con Negan (Jeffrey Dean Morgan) fue como la Champions, este parece la Copa del Rey. De hecho, lo más interesante es el rey Ezekiel (Khary Payton), un tío excéntrico con un tigre que ha creado una especie de reino en el que hay cierto estado de bienestar, aunque también sufre la amenaza de los hombres de Negan y su cruel sistema feudal. El personaje de Ezekiel es interesante, pero quizás resulta más curioso que verdaderamente memorable. Lo más probable es que tengamos que sufrir la alternancia entre este trama, pasable, y lo que verdaderamente nos interesa, durante esta temporada.

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 7- THE DAY WILL COME WHEN YOU WON´T BE


THE DAY WILL COME WHEN YOU WON´T BE (23 DE OCTUBRE DE 2016)

No hace falta decir que lo que vais a leer a continuación contiene unos spoilers gordísimos. Como sabéis, al final de la temporada anterior de la serie creada por Robert Kirkman -basada en su propio cómic- el malvado Negan (Jeffrey Dean Mogan) mataba a un personaje importante de esta ficción. Pues bien, ya sabemos a quién ha matado. No, mejor dicho, a quiénes. La sorpresa real del capítulo es que Negan acaba con la vida de dos personajes. Primero, mata a Abraham (Michael Cudlitz) y luego al querido Glenn (Steven Yeun). Hay que decir que, en el cómic, ambos personajes ya están más que muertos. De hecho, es Glenn el que muere a manos de Negan en el tebeo. Por lo que no podemos hablar de una gran sorpresa. Ahora bien, hay que decir que el grado de crueldad alcanzado en estas escenas es de un nivel nunca visto en televisión. Para ver semejante violencia explícita -el director, Gregg Nicotero, es una leyenda de los efectos especiales gore- hasta hoy teníamos que pillar en el videoclub alguna oscura película de terror italiana. Ahora tenemos esa violencia en la tele, en una serie mainstream con audiencias masivas. Esto, como mínimo, merece una reflexión. Personalmente, confieso que fui lector del cómic hasta el número que contiene precisamente esta escena, adaptada aquí fielmente. Cuando vi a Glenn con el ojo colgando, inconscientemente, dejé de leer. El tono nihilista del cómic de Kirkman salta ahora a la pequeña pantalla por primera vez. ¿Cuántos dejarán de ver la serie? Por otro lado, hay que decir que la historia del episodio está pésimamente contada. Primero nos muestran a Rick (Andrew Lincoln) en los momentos posteriores a la muerte de sus compañeros, para luego mostrarnos lo ocurrido mediante un flashback completamente arbitrario. La única excusa para organizar así la narración es retrasar la información que queremos conocer, la identidad de los muertos, que acaba siendo el único interés del episodio. Por alguna razón, Nicotero no confía en sus habilidades para crear tensión, desorganizando la trama a pesar de haber conseguido momentos de absoluta crispación: como cuando amagan con amputarle la mano a  Carl (Chandler Riggs) -momento que a los que hemos leído el cómic nos hizo creer que, por fin, le cortarían la mano a Rick-. Pero la peor de las trampas son esos falsos flashforwards en los que Rick se imagina a todos sus compañeros muriendo con el cráneo abierto por el bate de Negan, quien, por cierto, se perfila ya como uno de villanos más crueles de la historia de la ficción televisiva. Esperemos que nadie le supere ¿no?

TEMPORADA ANTERIOR: LAST DAY ON EARTH

FEAR THE WALKING DEAD -TEMPORADA 2- MONSTER


MONSTER (10 DE ABRIL DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Las diferencias entre The Walking Dead y su spin-off, Fear The Walking Dead son varias y muy obvias. La primera puede parecer una bobada: una menor cantidad de zombies, debido a que el Apocalipsis se encontraba en sus primeros estadios en esta precuela. Esto devuelve al muerto viviente su carácter de monstruo individual: el director George A. Romero había optado desde la seminal La noche de los muertos vivientes (1968) por el terror de una multitud de cadáveres andantes como metáfora de la pérdida de la identidad y del ciudadano masificado (y consumista). La otra diferencia es que los protagonistas de FTWD son personas normales -profesores, barberos, estudiantes- antes que héroes de acción como en TWD, en el que tenemos policías o personajes diestros en el uso de ballestas y catanas. Esta serie se centra más en los conflictos humanos, en profundizar en los personajes y enfrentarles a una situación tan extraordinaria como el fin del mundo. El principal conflicto es, por tanto, cómo reaccionan moralmente cuando la supervivencia personal está en juego. En la temporada anterior, Travis (Cliff Curtis) había luchado por mantenerse fiel a sus principios civilizados, pero las circunstancias le obligaron a volverse cada vez más egoísta, violento y despiadado. En este primer episodio de la segunda temporada, comprobamos que efectivamente Travis ha dejado de ser un "buen hombre" tras matar a su exmujer, Liza (Elizabeth Rodríguez) -The Good Man es el título del final de la entrega anterior- y ahora apoya la decisión de Strand (Colman Domingo) -dueño del barco que les ha salvado- de no rescatar a un grupo de supervivientes. Por el contrario, la mujer de Travis, Madison (Kim Dickens), adopta ahora el rol opuesto: ella cree que deberían ayudar a todo el que lo necesite. Esto no deja de ser contradictorio e incoherente con la trayectoria del personaje en capítulos anteriores. Madison se había mostrado siempre mucho más dispuesta a hacer lo necesario para sobrevivir: estuvo a punto de apretar el gatillo contra Liza y nunca ha dudado en dejar atrás a vecinos y conocidos.


La idea de escapar de los zombies en un barco, el Abigaíl, es buena -aunque ya se apuntara al final de Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004)- pero creo que no se explora de forma satisfactoria en este primer episodio, en el que la historia progresa sin rumbo claro. El nuevo entorno marino, la verdad, no aporta demasiado. El encuentro fortuito con los zombies bajo el agua -seguramente un guiño al cine zombie italiano de Lucio Fulci- se utiliza -una vez más- de forma chapucera para generar la tensión que no se había logrado crear con la interacción dramática entre los personajes. Mal. Además, se utiliza de nuevo la idea -ya gastada- que hemos visto en TWD: el verdadero miedo proviene de los vivos, de otros grupos con intenciones hostiles. El gesto humano de Alicia (Alycia Debnam-Carey) al ponerse en contacto con otros supervivientes y ofrecerles ayuda, es "castigado" cuando estos se convierten en una posible amenaza. Durante la primera temporada de la serie estos gestos de bondad y solidaridad también llevaron a desenlaces fatídicos.

CAPÍTULO ANTERIOR: THE GOOD MAN

¿POR QUÉ NOS GUSTA THE WALKING DEAD?



-AVISO SPOILERS-

¿Por qué nos gusta The Walking Dead? Mucho más honda de lo que piensan los que la desprecian como "una de zombies" o un "fenómeno fan", pero con menos calidad de la que creen sus propios guionistas -a veces excesivamente pretenciosos- no deja de sorprenderme que una serie tan oscura tenga tantos seguidores. Esos que hacen mucho ruido con cada final -tramposo- de temporada, en el que un personaje más o menos importante muere por regla fija. Juego de Tronos -y George R. R. Martin- tienen mayor fama de mata-personajes, pero esta serie -y el cómic de Robert Kirkman- no se quedan atrás. Esta oscuridad, sin embargo, no tiene que ver únicamente con los decesos, las mutilaciones y las putadas que sufren los protagonistas en un mundo apocalíptico. La principal apuesta de la serie ha sido el progresivo envilecimiento de los "héroes" que, obligados a sobrevivir como sea, se han convertido en asesinos capaces de -casi- cualquier cosa. Esta evolución es obvia, sobre todo, en Rick Grimes (Andrew Licoln), el típico héroe positivo, expolicía, marido y padre de familia, al que conocimos siendo un auténtico buenazo. En las primeras temporadas de esta ficción, el principal conflicto era el enfrentamiento entre Rick y su mejor amigo, Shane (Jon Bernthal). No solo se enfrentaron por el amor de una mujer, sino que chocaron por una cuestión tan profunda como la necesidad de crear una nueva moral, más apropiada, para su nuevo y despiadado mundo. Mientras Rick se aferraba al orden antiguo -el nuestro- Shane defendía la necesidad de trascender ciertos tabúes para sobrevivir a toda costa. Matar para vivir otro día. Esta rivalidad acabó con la muerte de Shane a manos de Rick, y eso cambió la dinámica de la serie. A partir de ese momento, el expolicía comienza a cambiar paulatinamente -obligado por las circunstancias- hasta transformarse en un animal capaz de todo. Hasta convertirse en algo muy parecido a Shane.



Antes de comenzar la sexta temporada, los personajes principales de TWD eran ya máquinas de supervivencia capaces de superar todos los obstáculos y de cargarse a cualquiera. Entonces llegan a Alexandria. El choque es interesante. Nuestros protagonistas están curtidos en la supervivencia a la intemperie, mientras que los vecinos -y líderes- de Alexandria seguían siendo ciudadanos civilizados que han tenido la suerte de no sufrir el ataque de otros grupos humanos ni de zombies. No habrían sabido defenderse. El final de la quinta temporada convertía a Rick en un verdugo capaz de ejecutar a un maltratador: la pena de muerte en toda regla. Los espectadores -aparentemente- tragaron con esto sin mayor polémica en Internet. La nueva temporada proponía entonces que el uso de la fuerza convertía a Rick en un líder más apropiado para defender a Alexandria -de una amenaza externa- que los anteriores, cuyas virtudes eran la inteligencia, la sabiduría y una actitud pacífica. Poco a poco, Rick y su grupo -Carol (Melissa McBride) se ha convertido también en una mujer de armas tomar- se hacen con el control del pueblo. Se enfrentan a -literalmente- cientos de muertos vivientes y a grupos hostiles como los llamados Wolves. Pero una vez neutralizadas estas amenazas, comenzaron a sentirse relativamente seguros. La reaparición de Morgan (Lennie James) -un pacifista absoluto- sirve también para cuestionar los métodos expeditivos de Rick o Carol. Morgan es como una voz de la conciencia que les dice que hay otra vía. Así, poco a poco, los personajes fueron recuperando su humanidad. Desde hornear galletas, pasando por nuevos romances y hasta embarazos, la vida de los personajes de The Walking Dead parecía volver a lo que conocemos como bienestar.



Entonces apareció Negan. Interpretado por Jeffrey Dean Morgan, el personaje es el "cabrón" que le devuelve a los héroes la capacidad de tener miedo. Si el grupo protagonista había demostrado que nadie podía toserles, los hombres de Negan son verdaderamente malos, asesinos despiadados tan numerosos que parecen imposibles de vencer. Pocas ficciones televisivas han conseguido transmitir una sensación de amenaza tan palpable como los últimos episodios que hemos visto. Pero ¿Cuál es el mensaje? Los protagonistas, en cuanto han bajado la guardia, sufren todo tipo de muertes y desgracias. ¿Es una llamada de atención a la actitud pacífica y tolerante que entiendo yo como los valores deseables de cualquier sociedad? ¿Nos dice TWD que debemos estar preparados siempre para defendernos? Este planteamiento, y la introducción de elementos de la fe católica -el desarrollo del personaje del padre Gabriel (Seth Gilliam), el rosario de Carol, un personaje llamado "Jesús"- son los que más me hacen dudar del mensaje político de la serie. El polémico cliffhanger, en el que Negan utiliza a "Lucy" -un bate con alambre de espino- para matar a un personaje cuya identidad no descubriremos hasta la siguiente entrega, cierra una temporada que produce desasosiego y desesperanza en el espectador. ¿Por qué gusta tanto entonces The Walking Dead?

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 6- LAST DAY ON EARTH


LAST DAY ON EARTH (3 DE ABRIL DE 2016) -AVISO SPOILERS-

La gran crítica que se le puede hacer al final de la sexta temporada de TWD es que no es posible hacer spoilers. Por fin se descubre el rostro de Negan (Jeffrey Dean Morgan), sí, pero ya se había creado tanta expectación sobre su primera aparición que lo que vemos aquí, sabe a poco. El cliffhanger, bien utilizado, debe dejarnos con ganas de más. El final abierto, aquí, resulta frustrante por varias razones. La primera y más importante es que probablemente se ha estirado demasiado la introducción de Negan. La segunda, es que este desenlace abrupto es muy similar al del episodio anterior, en el que un disparo del rencoroso Dwight (Austin Amelio) nos hacía temer por la vida de Daryl (Norman Reedus). Y estos trucos para enganchar al espectador comienzan a oler a trampa. Por último, los lectores del cómic original hemos visto hace mucho la escena del bate de Negan y sabemos a quién mata. De hecho, el momento es tan brutal que no he vuelto a leer un tebeo de TWD desde ese número. Lo que no quiere decir que en la serie de televisión eliminen al mismo personaje: anteriormente ya han tomado decisiones diferentes a las del papel. La decisión de presentar la muerte del personaje incógnita en plano subjetivo responde a la necesidad de preservar el misterio, sí, pero también a rebajar la violencia de dicha muerte, que en las viñetas resultaba difícil de digerir.


A pesar de esto, hay que decir que la amenaza de los Salvadores es palpable. Verdaderamente tenemos la sensación de que los protagonistas se quedan sin salida -No Way Out es el nombre de este arco argumental en los cómics- mientras el cerco se estrecha alrededor de ellos. La escena ya referida, en la que Negan decide a quién matar, consigue elevar la tensión hasta la crispación. Aunque no alcanza el desasosiego del cómic original, casi insoportable, creo que se trata un momento único en la ficción televisiva por su sadismo. Quizás por esto, la subtrama que protagoniza Carol (Melissa McBride) se antoja innecesaria. Es difícil interesarse en un personaje suicida cuando a los otros les espera una muerte horrible.

CAPÍTULO ANTERIOR: EAST

THE WALKING DEAD -TEMPORADA 6- EAST

EAST (27 DE MARZO DE 2016) -AVISO SPOILERS-

Los acordes de música country acompañan a la cámara, que hace un recorrido por las rutinas de los personajes en Alexandria. Todo parece casi normal. Casi como antes del Apocalipsis. La vida parece tener sentido. Y eso que comerse una manzana en la cama -como hacen Rick y Michonne- nada más levantarse, me ha resultado raro. Estas imágenes son necesarias para establecer lo que Carol (Melissa McBride) está dejando atrás, en una decisión difícil de comprender. Ella ha decidido abandonar una realidad que le ha permitido a Abraham (Michael Cudlitz) plantearse tener hijos. Sasha (Sonequa Martin-Green) le da un puro, gesto tradicional a los que acaban de ser padres. Cuando Carol parte finalmente, escuchamos la voz melancólica de Johnny Cash.


Fuera de Alexandria todo es diferente. Nada tiene sentido. Carreteras solitarias y praderas de pasto alto porque no hay manos humanas que lo corten. Zombies que se pasean sin rumbo como parodias de vida. Fuera, cualquier encuentro con otro ser humano es peligroso. En el prólogo del episodio, se nos dan pistas visuales sobre el resultado de un sangriento enfrentamiento, para que dudemos sobre si Carol ha muerto. Pero luego se confirma que ella se ha convertido definitivamente en una "fuerza de la naturaleza" -lo dice Rick (Andrew Lincoln)- capaz de eliminar a cuatro hombres. Si Carol llora y parece angustiada ante sus enemigos no es por miedo, sino por tener que matarles. Menudo cambio ha dado el personaje. Luego, Rick y Morgan (Lennie James) encuentran a un caminante vagando. El plano general, sus ropas, su pelo, nos hace pensar que se trata de Carol. No es ella. Les gusta jugar con nosotros.


Si se le puede achacar algo a The Walking Dead es que cada vez que nos acercamos al final de una temporada sus argumentos se convierten en mecanismos tramposos para crear la intriga en el espectador de qué personaje va a morir. La venganza de Daryl (Norman Reedus) contra Dwight (Austin Amelio) lleva a la captura de Glenn (Steven Yeun), Michonne (Danai Gurira) y Rosita (Christian Serratos). Haced vuestras apuestas sobre cuál de ellos va a desaparecer. Porque no podemos fiarnos del plano final, ese disparo contra Daryl, esa mancha de sangre. Huele a engaño. Pero además de estos juegos, hay una conversación interesante en este capítulo entre Rick y Morgan. Este último le recuerda al expolicía un episodio del pasado: cuando desterró a Carol por matar a dos miembros del grupo infectados. Morgan señala a Rick que ahora actuaría de una forma muy diferente y él está de acuerdo. Ahora piensa que Carol hizo bien en matar a sus compañeros. Morgan apela al Rick de antes. ¿Volveremos a verle?

CAPÍTULO ANTERIOR: TWICE AS FAR