MOMMY (XAVIER DOLAN, 2014)


Mommy, del insultantemente joven Xavier Dolan (nació en 1989), es un artefacto hecho de puro sentimiento con el objetivo de conmover. Para ello, el director nacido en Canadá, utiliza todos los recursos cinematográficos a su disposición con una pericia que contradice su corta edad. La primera de esas herramientas, la más importante, es la intensa interpretación de unos actores que parecen tener libertad para dar vida a unos personajes emocionalmente explosivos.


Un joven inestable y agresivo, Steve (Antoine Olivier-Pilon); una madre completamente superada, Die (Anne Dorval); y una profesora traumatizada, Kyla (Suzanne Clément), son los vértices de un triángulo sentimental de aristas afiladísimas. No podemos pedir al director contención, porque no parece su intención ser sutil. Todo lo contrario, Dolan y sus actores se dejan llevar por un torrente excesivo que roza lo cursi en algunos momentos que parecen sacados de un videoclip de música indie. Y eso que a mí me gustaron. Mucho. Es precisamente en esas ocasiones, en las que la música se apodera de la historia, en las que la película respira: la pantalla se abre al formato panorámico que hasta ahora nos había negado el director. Mommy ¿innova? utilizando el formato cuadrado 1:1, en una decisión que no es un mero truco de marketing, ni tampoco una cuestión estética. El recuadro que nos obliga a mirar dentro de la pantalla de cine ahoga a los personajes y también a nosotros, los espectadores. La claustrofobia emocional que consigue la película desemboca en un final que por esperado no resulta menos intenso. Mommy habla -obviamente- de la responsabilidad de los padres con sus hijos y al mismo tiempo de problemas que no tienen solución, que superan a cualquiera. Mommy habla de víctimas y de culpables, aunque también intercambia esos papeles según avanza la historia. Pero en mi opinión, lo más triste de esta película es constatar que personas que han sido muy importantes en nuestras vidas pueden dejar de serlo. Que la vida sigue y solo es cuestión de tiempo dejar atrás incluso a nuestros seres más queridos.