FARGO -TEMPORADA 1- THE SIX UNGRASPABLES


THE SIX UNGRASPABLES (13 DE MAYO DE 2014) -AVISO SPOILERS-

Si llegamos a la conclusión de que la existencia humana es absurda debido a que la muerte -sin trascendencia espiritual- es el final de todo, deberíamos concluir también que todos los actos son moralmente iguales. Da igual ser un cura o un asesino: al final moriremos. Y si no hay Cielo ni hay Infierno -como recompensa o como castigo- lo lógico es eliminar de nuestras vidas el sentimiento de culpa. Lester Nygaard (Martin Freeman) era un vendedor de seguros, un marido calzonazos y un pringado hasta que asesinó a su mujer. A martillazos. Lester ha conseguido, durante un tiempo, burlar a la policía y ha evitado ser acusado del crimen. Mientras tanto, intenta cambiar de vida, pero algo lo evita: una herida en su mano se ha infectado ¿Por qué no va al médico? La herida funciona en Lester como una metáfora de la culpa, pero también es la gran prueba que podría incriminarle en los asesinatos ocurridos en Bemidji. En este capítulo nos muestran el origen de la herida, que ha funcionado como el relato El corazón delator (1843) de Edgar Allan Poe. De hecho, al final de este capítulo de Fargo, sobre el rostro de un Lester que se sabe cerca de ser incriminado, escuchamos un golpeteo, un latido de culpabilidad.



Un sentimiento de culpa parecido persigue al policía Gus Grimly (Colin Hanks) que se enfrenta a un problema moral ¿Debe hacer algo para detener al asesino Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) aunque no tenga pruebas? Lo que Gus se pregunta es si debe seguir las reglas -que precisamente Malvo manipula a su antojo- o si debe seguir los procedimientos policiales. El dilema de Gus se desarrolla en una conversación con un vecino -judío- que le cuenta una parábola, la de un hombre que se sentía culpable por el sufrimiento de todo el mundo y acaba dándolo todo y suicidándose para nada. No está de más apuntar aquí que para el filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900) el principal signo de decadencia en las religiones judía y cristiana era precisamente la culpa. Mucho antes, el filósofo Thomas Hobbes (1588-1679), daba por básico el egoísmo en el comportamiento humano, y popularizaba la frase "el hombre es un lobo para el hombre". Lorne Malvo se asocia en esta serie con un depredador. Con un lobo.


Lo que nos lleva a Stavros Milos (Oliver Platt), que siente que su imperio capitalista se ha fundado sobre una suerte de pecado original: un dinero que encontró por casualidad, enterrado en la nieve. Stavros ha querido pensar siempre que ese dinero demostraba la existencia de Dios, pero en el fondo debe pensar que su procedencia es seguramente ilegal. Nosotros, los que hemos visto Fargo (Joel & Ethan Coen, 1996), lo sabemos. Stavros ha basado su filosofía de vida en el hallazgo de ese dinero como soporte de su fe: en su despacho tiene una imagen de San Lorenzo lapidado por los romanos. Esto da pie a Lorne Malvo para reflexionar sobre los primeros romanos que según el relato mítico -de Rómulo y Remo- fueron amamantados por una loba. Por lo tanto, es normal que quisieran comerse a los cristianos... o lo que es lo mismo, a los judíos. Justo después, Malvo amenaza al mismo vecino -judío- con el que ha hablado Gus Grimly. Curioso.