STAR WARS: 5 COSAS NUEVAS QUE J.J. ABRAMS PODRÍA HACER EN EL DESPERTAR DE LA FUERZA


UN FLASHBACK. Nunca hemos visto un flashback en una película de Star Wars. En ninguno de los seis films de la saga se rompe la narración lineal -siempre en tiempo presente- para evocar un hecho pretérito. Resulta curioso, ya que en la historia ideada por George Lucas, el peso del pasado es tremendo: la paternidad de Luke y Leia; la rivalidad entre Darth Vader y Obi-Wan Kenobi... En este sentido, las precuelas -los episodios I, II y III- podemos entenderlos como flashbacks de la trilogía clásica. Los primeros capítulos de la saga no son historias con entidad propia, sino reflejos en un espejo que necesita siempre la referencia del modelo original. Y la coartada de la nostalgia.



Probablemente no veremos un flashback en el Episodio VII de J.J. Abrams, por varias razones. Suponemos que los directores de las nuevas películas de Star Wars que se estrenen a partir de 2015 tendrán que ceñirse a unas reglas. Una de ellas es probablemente que el guión nos cuente una historia utilizando una narrativa clásica: lineal, en orden cronológico y sin elipsis alguna. Los únicos saltos temporales que hemos visto en Star Wars ocurren entre película y película, agujeros argumentales que han sido codiciosamente rellenados con series animadas, cómics, novelas y videojuegos.  Sin ir más lejos, el director Gareth Edwards prepara Rogue One (2016) que nos contará cómo los rebeldes consiguieron hacerse con los planos de la Estrella de la Muerte. Por lo que la historia se situará cronológicamente entre el Episodio III (2005) y el Episodio IV (1977). Esto nos hace preguntarnos, ¿Cómo nos contarán lo ocurrido entre el Episodio VI (1983) y el Episodio VII (2015) si no es con el primer flashback de Star Wars?



UNA VOZ EN OFF. La única voz en off que hemos escuchado en Star Wars es la de Obi-Wan Kenobi en la mente de Luke Skywalker. Pero nunca será la voz de un narrador como se suele ver en los blockbusters del cine fantástico de los últimos años -sobre todo a partir de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001)- cuyo cometido es situarnos en el universo en el que se va a desarrollar la historia. En Star Wars, esa función la cumple el texto inicial que aparece antes de cada capítulo y que da fe de ese sabor a serial cinematográfico que Lucas siempre tuvo como modelo a imitar. Tampoco escucharemos una voz en off que inicie el recuerdo de un hecho del pasado -ya hemos dicho que no hay flashbacks- ni mucho menos que desvele el pensamiento interno de un personaje. Porque Star Wars es una narración en tercera persona con múltiples puntos de vista. Sus protagonistas son héroes -que superan obstáculos- en los que debemos proyectarnos, nunca seres humanos con dudas y miedos con los que debamos identificarnos. Star War es acción y reacción, no psicología: por eso fallan las precuelas, porque se utiliza el diálogo para expresar los dilemas morales -y existenciales- de los personajes en lugar de la acción física, mucho más visual, para traducirlos.




UNA SEÑA DE AUTOR. Nunca hemos sido conscientes de la cámara en Star Wars. George Lucas apostó por una planificación clásica, una escritura invisible que impide identificar al autor de la narración, como si estuviéramos ante un relato mitológico o un cuento de hadas. Por ello, Lucas renunció a dirigir El imperio Contraataca (Irvin Kershner, 1980) y El retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983) en una actitud que se anticipa casi 30 años a la filosofía actual de Marvel Studios para producir sus exitosas películas sobre superhéroes. Marvel contrata directores talentosos, pero a los que no considera autores, como Jon Favreau (Iron Man), Joss Whedon (Los Vengadores), o James Gunn (Guardianes de la Galaxia). Es capaz de aceptar a autores domesticados como Kenneth Branagh (Thor), pero expulsa a otros como Edgar Wrigth (Ant-Man). No olvidemos el (casi)despido de Josh Trank de la fallida Cuatro Fantásticos (2015) -de Fox- y también de la ya mencionada Rogue One. La estrategia es la misma que ha evitado que Steven Sipielberg o Quentin Tarantino dirijan una película de James Bond. El atractivo de un personaje como el agente 007 -o como Superman, Spiderman o Batman- es precisamente la reiteración de un esquema conocido. La estrategia de Marvel Studios ha sido exitosa a pesar de darle prioridad a una coherencia narrativa interconectada antes que a la personalidad de cada película. No por casualidad Marvel y Lucasfilm pertenecen a Disney: podemos esperar más de lo mismo en el futuro de Star Wars. La alternativa sería darle el timón a autores con una libertad casi total. El mejor/peor ejemplo de esto es Christopher Nolan: su trilogía sobre Batman ha sido aplaudida por (casi) todos. El caballero oscuro (2008) tiene méritos cinematográficos innegables, pero ¿Es realmente una historia sobre el Batman y el Joker de los cómics? Curiosamente, algo parecido ocurre con el Bond interpretado por Daniel Craig bajo la dirección de Sam Mendes. La pregunta es, por tanto, ¿Se atreverá J.J. Abrams a introducir alguna de sus señas personales? ¿Veremos sus famosos flares en El despertar de la Fuerza?



UNA MUERTE. Pero de verdad. Nunca hemos visto a nadie morir en Star Wars. Matizo. Nunca hemos visto una muerte con consecuencias dramáticas verdaderamente trágicas. Es cierto que fallecen personajes muy importantes como Qui-Gon Jin, Obi-Wan Kenobi, Yoda y Darth Vader, pero también es cierto es que a estos la Fuerza les garantiza la inmortalidad en la forma de espíritus azules (los Sith, en cambio, no reaparecen en lo que puede ser una referencia al infierno católico). También es verdad que durante la saga mueren cientos de soldados, rebeldes, imperiales e incluso adorables ewoks. Precisamente, esa excepción hace la norma: hay una muerte, de un ewok, en la batalla de la Luna de Endor del Retorno del Jedi (1983), que siempre me pareció que desentonaba por dura, por trágica: dos ewoks corren por el bosque cuando son alcanzados por una explosión. Uno de ellos se levanta y reanuda la marcha, pero luego vuelve a por su compañero caído. El superviviente toca y mueve el cuerpo de su amigo hasta descubrir que ha perdido la vida. A pesar de este macabro ejemplo, lo normal en la saga es que la cámara se recree poco en estas bajas de soldados que no son más que carne de cañón. Recuerdo que siendo niño tenía dudas sobre la naturaleza de los stormtroopers ¿Eran robots? Que Luke Skywalker y Han Solo utilizaran sus uniformes para infiltrarse en los calabozos de la Estrella de la Muerte, desmentía esta teoría. Décadas después, en las precuelas, George Lucas explica de dónde salen las tropas imperiales destinadas a caer como moscas: son clones. Y esto dice mucho de lo que opina el californiano sobre la clonación. Sus muertes no importan. Están repetidos. Por último, tenemos las muertes de personajes extraterrestres, como la del rodiano Greedo, tras el polémico disparo de Han Solo en la cantina de Mos Eisley en Una nueva esperanza (1977). Greedo muere, sí, pero su máscara inhumana se repite luego en otros personajes y películas. Aunque se trata de otros individuos, al ser sus caras iguales, la sensación de muerte se atenúa. Porque todos los rodianos son Greedo.


UN DESMENTIDO. Cada película de Star Wars desmiente a la anterior. Nunca podremos fiarnos. Porque George Lucas debe ser de los primeros autores en utilizar la retrocontinuidad: la alteración de hechos previamente establecidos en una obra de ficción. Según la Wikipedia el término fue acuñado por el guionista de cómics Roy Thomas cuando, en los años 80, utilizaba personajes de los 40 en la serie All-Star Squadron. Recientemente el guionista de Marvel Comics, Ed Brubaker, se valió de esto al contarnos que un personaje tradicionalmente muerto, Bucky Barnes, había sobrevivido desde los años 40 para enfrentarse a su mentor, el  Capitán América, en la saga de El Soldado de Invierno (2005). ¿No es exactamente retrocontinuidad lo que ocurre en El Imperio Contraataca cuando Luke descubre quién es su padre? ¿No estaba muerto Anakin? Lo mismo ocurre cuando Luke descubre que Leia es su hermana en El retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983). Ahora no podemos hacer más que dudar. ¿Qué hechos de los seis primeros episodios podrían ser desmentidos en El despertar de la Fuerza? ¿Y cómo lo contarían? ¿Utilizarían, por fin, un flashback para explicarlo?