GOTHAM -TEMPORADA 2- DAMNED IF YOU DO...


DAMNED IF YOU DO... (21 DE SEPTIEMBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Comienza la segunda temporada de Gotham en el preciso instante en el que acababa la primera, con el descubrimiento de la Batcueva por parte del joven Bruce Wayne (David Mazouz) y su mayordomo/tutor Alfred Pennyworth (Sean Pertwee). El hallazgo es la primera pista para resolver el misterio de quién era el padre de Bruce. Pero se topan enseguida con un obstáculo: una puerta metálica con una cerradura electrónica. Esta segunda entrega de Gotham encierra también un misterio -al menos para el que escribe esto- ¿Dará el salto de calidad necesario para justificar su visionado?


Habría que preguntarse, primero, qué es Gotham y qué esperamos de ella. La idea de una precuela de Batman es atractiva. Darle el protagonismo a la famosa ciudad ficticia, es, hasta cierto punto, novedoso. El problema, para mí, es que los guionistas no prestaron a sus personajes la atención necesaria en la primera temporada. En lugar de desarrollarlos y darles profundidad, la serie se ha empeñado en una estructura episódica procedimental, los detectives deben resolver un crimen por episodio. Mi sensación es que los personajes de la serie no "cobran vida", sino que están atrapados en historias rutinarias y predecibles. ¿Ha cambiado esto en la segunda temporada? Parece que no. Tras el prólogo sobre la cueva y Bruce Wayne -una referencia necesaria a la mitología del personaje de Batman- el tema Perfect day de Lou Reed -curiosamente incluido también en otro capítulo de una serie en esta misma semana, Not Fade Away, de Fear the Walking Dead- sirve de fondo para mostrarnos a todos los personajes de la serie, en diferentes lugares de Gotham. Destaca visualmente un look, una fotografía, que parecen más cuidados que en la temporada anterior. Para los personajes, ha pasado algún tiempo desde el final de aquella. Las cosas han cambiado. Veamos.


Oswald Cobblepot (Robin Lord Taylor) es ahora el rey del crimen en la ciudad. Le acompaña su mano derecha, Butch (Drew Powell); un asesino sanguinario, Victor Zsasz (Anthony Carrigan); y una aprendiz, Selina Kyle (Camren Bicondova). El problema de este desarrollo es que, quizás, el Pingüino funciona mejor como un personaje que sufre para alcanzar el poder, que como un temible antagonista instalado en él. ¿Cuál es ahora su objetivo? Ganarse el respeto de los otros criminales que todavía no le reconocen como líder. Por otro lado, los detectives Harvey Bullock (Donal Logue) y James Gordon (Ben McKenzie) han perdido su trabajo. Bullock trabaja en un bar y su papel es insignificante. Gordon mantiene su protagonismo, pero ahora es un agente de tráfico. Su objetivo sigue siendo acabar con la corrupción en Gotham, personalizada en el comisario Loeb (Peter Scolari). Por último, la exmujer de Gordon, Barbara Kean (Erin Richards), ingresa en el manicomio de Arkham, donde conoce a Jerome Valeska (Cameron Monaghan) -el Joker- y a Richard Sionis (Todd Stashwick) -la Máscara- un asesino millonario. ¿El objetivo de Barbara? Conseguir un teléfono. Situados los personajes y establecidas su aspiraciones, la pregunta es si todo esto se desarrollan de forma satisfactoria.


La respuesta es no. Lo que falla en Gotham es la construcción dramática de sus situaciones, que parecen mecánicas, casi de transición. El mejor ejemplo es una secuencia nada más comenzar este primer episodio. Gordon ha sido despedido de la policía por Loeb. Le vemos entrar en el despacho de Oswald Cobblepot de una forma gratuita, en el sentido de que no hemos sido testigos de cómo ha tomado una decisión tan importante, ya que moralmente implica un riesgo enorme para el expolicía. Pero además, en el transcurso de la propia escena no hay ninguna tensión. Cobblepot acepta ayudar a Gordon inmediatamente, sin ningún suspense. No encontramos tampoco elementos que hagan a los personajes interesantes, estos se limitan a recitar sus diálogos, que no tienen más utilidad que la de informarnos de lo que quieren. Sin subtexto. No hay tampoco una negociación entre los dos personajes. No hay conflicto. La negativa inmediata de Gordon a ayudar al Pingüino no es interesante porque parece contradictoria: Gordon aparece, pide ayuda, le piden algo a cambio, y se retira. La historia no parece haber avanzado. En la escena siguiente, Gordon aparece en la mansión Wayne para hablar con el joven Bruce. Éste le dice que no hacía falta presentarse en su casa para contarle que le han despedido de la policía y que por ello no podrá resolver el crimen de sus padres. Y tiene razón. Lo peor es que, luego, Gordon le cuenta a Bruce, un adolescente, su duda moral. ¿Debe trabajar para Cobblepot para conseguir echar a Loeb? Que busque consejo en un niño es bastante ridículo, pero más aún lo es que confiese su intención de meterse en negocios ilegales e incluso de cometer crímenes. Sobre todo porque no parece haber tenido la misma confianza con su pareja, Leslie (Morena Baccarin). Pero lo cierto es que el consejo de Bruce, a pesar de las protestas de Alfred, es el que seguirá Gordon. Básicamente, que el fin -el bien- justifica los medios. Buscaban aquí los guionistas hacer un apunte sobre la futura labor como vigilante enmascarado de Batman. Pero creo que no lo consiguen.


El mayor problema de todo esto es que la duda moral que tiene Gordon, no está contada. Tenemos que asumirla. Tampoco se nos muestra el peso de la decisión del policía, que opta por ayudar al jefe criminal de su ciudad. Este es el tipo de decisión que, necesariamente, cambia a un personaje. Y no hablemos de las consecuencias: Gordon acaba matando al mafioso en deuda con Cobblepot. Ha quitado una vida. Eso debería transformarle profundamente. Habrá que ver si esto ocurre en los siguientes episodios. La escena de Gordon delante del espejo, indagando en su reflejo, parece anticipar esa evolución del personaje. Por cierto, este plano refleja uno anterior en el que comprobamos que Edward Nygma (Cory Michael Smith) está a un paso de comenzar su carrera delictiva. Pero recordemos que en la temporada anterior este personaje evolucionó a paso de tortuga. Paciencia.


Todo ocurre en Gotham de una forma demasiado sencilla. Las acciones de los personajes no tienen repercusión ni peso dramático y las tramas siguen avanzando, por lo que dejan de interesarnos. Así, Gordon consigue que Cobblepot obligue a Loeb a dimitir, en la única escena con algo de gancho del episodio: el Pingüino y Zsasz aparecen en la cocina del comisario en medio de la noche. Antes, Cobblepot ha conseguido el respeto que exigía. Barbara obtiene su teléfono enseguida. Bruce Wayne revienta la puerta que le separaba del secreto de su padre utilizando un método, como poco, excesivo: un explosivo casero. Todo es demasiado fácil. Y todo ocurre en el primer episodio.


Por si fuera poco, hay otra trama que seguramente será la principal de esta segunda temporada. Theo Galvan (James Frain) es un villano que parece salido del Batman de Tim Burton -o incluso de la serie de Batman de los años sesenta- cuyo primer movimiento es ordenar a una suerte de ridículo caballero con sobrepeso llamado Zaardon (David Fierro) . Este es una especie de Renfield de Drácula, que acaba en prisión y luego en Arkham. Su misión es transmitir una especie de gas púrpura digno de César Romero que duerme a prisioneros y guardias. Todo para reclutar a un grupo de criminales lunáticos que incluye a Bárbara, Jerome, Richard Sionis y alguno más. Todo esto tiene un tono circense. Precisamente, lo mejor de Gotham, lo único que se salva, son estos momentos humorísticos y delirantes que la alejan de la versión de Christopher Nolan de Batman.