LIFE: VAMPIRO DEL ESPACIO


Life es una rutinaria revisión y actualización de Alien (Ridley Scott, 1979) por la aburrida vía del realismo, siguiendo la estela filosófica de Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) y pragmática de Marte (Ridley Scott, 2015) siempre bajo la sombra -alargadísima- de una obra maestra como 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). Esta película del sueco Daniel Espinosa opta por hacer obvias todas las metáforas que la original, concebida por Dan O'Bannon, filtraba a través de la fantasía y el terror para permitir múltiples interpretaciones. Así, en esta, los astronautas de la estación espacial internacional -la verdadera, la actual- constituyen un grupo que -supuestamente- representa a toda la Humanidad -se han dejado fuera a los musulmanes- y que prefiere mantenerse al margen de los conflictos -conocidos por todos- que impiden la paz en nuestro planeta. Esta visión está personificada en el oficial médico David Jordan (Jake Gyllenhaal), estadounidense asqueado por los bombardeos en Siria y traumatizado por el desastre del Challenger, que sustituye al 11-S como herida sin cicatrizar. La criatura -¡apodada Calvin!- está bien animada, pero su diseño es tan realista como soso, nada que ver con la imaginería gótica y de la nueva carne del gran H.R. Giger. Pero tiene la misma sed de sangre, lo que da pie a un desarrollo idéntico al de la cinta de 1979. El bicho -un marciano- tiene una evolución similar -aunque sus inicios resulten tan cómicos como la parodia del chestburster de La loca historia de las galaxias (Mel Brooks, 1987)-. Eso sí, cada paso que da Calvin tiene una coartada pseudocientífica, alejándose del horror irracional y de pesadilla del xenomorfo clásico. El oficial científico, británico, Hugh Derry (Ariyon Bakare), asegura que el bicho solo mata porque es su naturaleza, lo que se parece mucho a una diferencia cultural, o a que la palabra que da título a este film, vida, equivalga a oposición, a muerte, muy a pesar de los pacifistas. Al respecto, otra oficial médico, también británica, Miranda North (Rebecca Ferguson), asegura entender los instintos -las razones- de su enemigo, pero no por ello es capaz de no odiarle. Recomendable solo si eres un millennial que no ha visto Alien -ya te vale- o si el ansia te impide esperar un mes a que se estrene Alien: Covenant (Ridley Scott, 2017).