DÉJAME SALIR: TERROR SOCIAL



Es difícil imaginarse hoy la carga transgresora que tuvo La noche de los muertos vivientes por tener un protagonista afroamericano en 1968. George A. Romero fabricó un clásico del cine terror y de paso creó un subgénero -que hoy es más popular que nunca- el de los zombies. En aquella película de bajísimo presupuesto, los zombies eran por primera vez caníbales -antes eran monigotes reanimados con vudú- y representaban el horror de una sociedad masificada. El héroe afroamericano, Ben -interpretado por Duane Jones- al final del film -espero que esto ya no sea un spoiler- sobrevivía a los zombies, pero caía muerto por los disparos de paletos blancos que se habían organizado en grupos paramilitares para cazar muertos vivientes. Hoy solo nos acordamos de los walking dead -los fans de la serie seguramente no han visto esta vieja película en blanco y negro- pero George A. Romero se apoyó en un conflicto social para darle más fuerza a su película de terror. Siguió haciéndolo en obras posteriores, abordando temas como el consumismo o la inmigración. En Déjame salir, utiliza esta misma estrategia Jordan Peele -seguramente le recordaréis de la primera temporada de Fargo- actor, escritor y ahora director, normalmente ligado a la comedia. Este, su primer largometraje, es una variación en clave de horror de Adivina quién viene a cenar esta noche (Stanley Kramer, 1967). Protagonizada por Daniel Kaluuya -el ciclista de Black Mirror- y Allison Williams -la guapa de Girls-, no conviene desvelar las sorpresas que esconde su argumento -que también recuerda a la terrorífica La visita (Night M. Shyamalan, 2015)-. Sí podemos decir que su mayor virtud es que la inquietud se modula muy lentamente, creciendo desde el detalle cotidiano hasta la fantasía terrorífica. Peele afila su película utilizando el tema racial, todavía incómodo en Estados Unidos, y con este hace una sátira sobre los prejuicios de los blancos acerca de la raza negra. Los villanos, cuando al fin se desvelan, resultan ser la máxima expresión de ese racismo paternalista que intenta camuflarse como admiración hacia el talento o los supuestos atributos físicos de los afroamericanos. Si bien no me parece destacable como película de terror, Déjame salir -la traducción de su título original Get Out, por cierto, desactiva uno de los momentos más terroríficos en la versión original- como comedia macabra resulta brillante.