THE KNICK -TEMPORADA 2- (2015)


La salida en blu-ray de la segunda temporada The Knick es la excusa perfecta para hablar de una de las ficciones más absorbentes, intensas y pesimistas que se hayan hecho nunca para televisión. La serie creada por Jack Amiel y Michael Begler no se parece a nada que hayáis visto. Empezando por el lujazo que significa tener a Steven Soderbergh dirigiendo cada uno de los 20 episodios emitidos hasta la fecha. La cámara inquieta del director de Traffic (2000) y su sensibilidad ultramoderna inyectan inmediatez a la espectacular recreación del Nueva York del año 1900, haciéndola parecer casi contemporánea. La operación me recuerda a lo hecho por Michael Mann con los años 30 en Enemigos Públicos (2009). Lo mismo ocurre con la banda sonora de Cliff Martínez, compuesta de sonidos electrónicos, repetitivos, hipnóticos, que aportan modernidad a las imágenes de lo antiguo, dotándolas de una peculiar tristeza. Todo esto es posible porque la serie está meticulosamente ambientada. Es un placer contemplar el vestuario, los edificios y la tecnología doméstica de principios del siglo XX. La luz que se desprende del incipiente uso de la electricidad en la época produce una fotografía espléndida, única, acreditada al propio Soderbergh. Jugando con la luz y la oscuridad, el director refleja el gran tema de esta serie, la oposición entre el progreso y el orden establecido.



Hay en The Knick mucho mimo por la fidelidad histórica, presente también en los guiones, que incluyen guiños, personajes y situaciones sacadas directamente de las hemerotecas de la época para mezclarse con la ficción de una manera apasionante. A un nivel más profundo, hay que decir que el motor argumental son los grandes temas, antes que las motivaciones personales de su protagonistas. Así, el administrador Herman Barrow (Jeremy Bobb) y sus tejemanejes nos habla del clasismo de la época y sobre todo del capitalismo imperante, salvaje, sin escrúpulos, capaz de ponerle un precio a absolutamente todo. Como ya he dicho, la serie enfrenta constantemente dos ideas: el progreso y el conservadurismo. El racismo que limita la felicidad del cirujano afroamericano Algernon Edwards (André Holland) y la repugnante idea de la supremacía blanca de su rival profesional, Everett Gallinger (Eric Johnson). También está el machismo con el que tienen que lidiar la acaudalada Cornelia Robertson (Juliet Rylance) y la enfermera Lucy Elkens (Eve Hewson). Unos y otros no podrán alcanzar nunca su potencial por ser de raza negra o simplemente mujeres, lo que, a nuestros ojos de espectadores del siglo XXI, resulta trágico. Lo mismo ocurre con la lucha clandestina de la monja abortista, la hermana Harriet (Cara Seymour), enfrentada a la mentalidad retrógrada de entonces. Por último, el gran protagonista de la serie, el doctor John Thackery (Clive Owen) lucha contra la estrechez de miras que dificultaba casi cualquier avance en la ciencia médica. La serie utiliza constantemente nuestra percepción como espectadores modernos. Por eso, cuando vemos una intervención quirúrgica de 1900, parece que presenciamos una carnicería. El contenido gore de The Knick puede llegar a herir sensibilidades, pero os aseguro que el morbo que despiertan las operaciones que lleva a cabo Thackery os impedirá apartar la vista.


Y por debajo de los "grandes temas", lo que hace que The Knick sea entretenida y adictiva es precisamente eso: el gore, el sexo retorcido, el submundo de drogas, prostitución, amaños y peleas clandestinas que muestra. Este universo oscuro -fotografiado casi en penumbras por Soderbergh- contrasta con la blancura inmaculada -solo manchada por la sangre- del hospital que da nombre a la serie. Una luz de blancura insoportable, equiparable a la mirada lúcida de Thackery, un genio encadenado por sus adicciones, pero también por un pesimismo existencialista que eleva las intenciones de esta ficción hasta convertirla en comentario de la vida misma. La muerte, desde luego, siempre está presente en los quirófanos de The Knick.