STAR WARS: EPISODIO VII -EL DESPERTAR DE LA FUERZA (J.J. ABRAMS, 2015)


Si habéis ido a ver El despertar de la Fuerza en los primeros días de su estreno, en un cine atestado de gente de todo tipo, con familias enteras disfrazadas como los personajes de la saga, os habréis dado cuenta de no es simplemente una película. Sé que no soy el primero en decirlo, pero Star Wars es un mito moderno. Una historia que ha calado tan profundamente en el inconsciente colectivo que ocupa el mismo lugar que las leyendas y la religión. Con esto no quiero decir que la gente "crea" en la Fuerza, sino que su relación con la historia de Luke Skywalker es mucho más íntima que con el libro de Job de la Biblia. Los mitos no se crearon para vender entradas, camisetas o figuritas. Tienen una función psicológica como metáforas de las etapas de la vida y nos ayudan a superarlas. Y aunque Star Wars vende un montón de entradas, camisetas y figuritas, su estatura mítica es innegable e inigualable. Porque habrá ayudado a más de un niño a hacerse consciente de la muerte de su padre, le habrá enseñado a otro que una galaxia entera no puede separarle de su hermana, nos ha dicho a todos que hay que rebelarse contra el mal, pero empezando por el que anida en nuestro interior. 


El despertar de la Fuerza es una obra maestra del entretenimiento. Es perfecta. Recupera el tono de serial de aventuras de la trilogía clásica. Pero lo que hace realmente es convertirnos, a los fans, en protagonistas de las películas de nuestra infancia. Y nos pone cara a cara con los héroes de nuestros mitos. Los personajes principales de nuevo cuño son jóvenes que han crecido escuchando historias. Rey (Daisy Ridley) ha oído hablar de los Jedis como si fueran solo una leyenda. Kylo Ren (Adam Driver) venera el casco de Darth Vader y trata de vestirse como él. Finn (John Boyega) se disfraza como un stormtrooper, pero no es realmente malo. ¿No es esa una metáfora del fan de Star Wars que se compra un traje de soldado imperial? Cuando los actores de la trilogía original aparecen en pantalla, parecen dioses colocados junto los personajes de una película "normal", digamos, de Los Juegos del Hambre. La gran baza de estos nuevos films, es que utilizan a los personajes originales interpretados por sus actores verdaderos y por eso su calado siempre será superior al de las precuelas. Luke, Han Solo, Leia, Chewbacca y sus objetos relacionados -como el sable láser- son idolatrados por los nuevos personajes. Justo como los fans de la saga. El director, J.J. Abrams, fue uno de esos frikis de Star Wars y ahora hace una película que le permite recrear los momentos que le hicieron elegir la carrera de cineasta. Como un niño que juega con figuritas en su habitación.


Esta forma de abordar la carga nostálgica de una película, curiosamente, ya la hemos visto este año. En Jurassic World (2015), el actor Jake Johnson interpreta a un friki de la atracción original creada por John Hammond (Richard Attenborough) que incluso lleva una camiseta de Parque Jurásico (1993). La historia incluye una visita a las ruinas de los escenarios de la película de Steven Spielberg -en el Despertar también hay referencias visuales a las ruinas del Imperio y la Rebelión- y juega constantemente a evocarla, rescatando al T-Rex para su clímax. Su director, Colin Trevorrow, por cierto, dirigirá el Episodio IXEn Terminator Génesis (Alan Taylor, 2015), Arnold Schwarzenneger parecía Forrest Gump infiltrándose en los fotogramas de Terminator (James Cameron, 1984). Son ejemplos, creo, fallidos, de películas que intentan repetir éxitos de taquilla apelando a la pura nostalgia. Pero luego está Mad Max: Furia en la carretera (2015), una de las mejores películas del año. Eso a pesar de que George Miller vuelve a narrarnos exactamente la misma historia que ha contado en cada una de las tres películas anteriores. Max es el hombre sin nombre que evoluciona hasta convertirse en el héroe protector de una comunidad. Y aunque cambia a Mel Gibson por Tom Hardy, el film funciona porque se apoya en una estructura mítica -Miller sigue, como George Lucas, las enseñanzas del mitógrafo Joseph Campbell-. Miller, en cada entrega de Mad Max, comienza de cero, no presta mucha atención a la continuidad y eso le libera. Por eso consigue ser siempre relativamente fresco. En este sentido, hay otros dos personajes que en 2015 han vivido nuevas aventuras y que tampoco soportan el peso de sus historias pasadas. La serie Ash vs. Evil Dead nos devuelve al personaje interpretado por Bruce Campbell en Posesión infernal (Sam Raimi, 1981) con un resultado óptimo. Spectre nos muestra de nuevo a Daniel Craig como James Bond, pero comete, para mí, un pecado: le ata demasiado a una nueva continuidad nacida en Casino Royale (Martin Campbell, 2006).


J.J. Abrams emprendió hace unos años un reseteo mucho más directo de la saga rival, Star Trek (2009). Esto le liberaba del peso de décadas de historias -aunque tuvo que buscar una excusa argumental para no eliminar la continuidad anterior- y le permitía utilizar los arquetipos de los personajes -Kirk, Spock, McCoy- en nuevas situaciones. Pero en El despertar de la Fuerza, Abrams hace un remake de Una nueva esperanza (George Lucas,1977), recreando la misma estructura, algunas de sus escenas y cargando su película de guiños. Siendo coherentes, esto no es nuevo. El retorno del Jedi (Richard Marquand, 1983) hacía exactamente lo mismo. Por lo tanto, de siete episodios, tres incluyen el ataque a una Estrella de la Muerte -aquí llamada la base Starkiller, en honor al primer apellido que se le ocurrió a Lucas para Luke. Por otro lado, el propio Lucas, en las precuelas, ha dicho que buscaba hacerlas "rimar" con respecto a la trilogía original, creando momentos que nos hicieran pensar en ella. Pero para mí hay una diferencia entre un eco y una repetición sin alma. ATENCIÓN SPOILER. Kylo Ren se quita el casco para ver la cara de su padre en un momento muy emotivo, que trae a la memoria a Darth Vader haciendo lo mismo para despedirse de Luke. Eso es un eco. Pero cuando Poe Dameron (Oscar Isaac) lidera en su X-Wing un ataque que es una mera repetición de algo ya visto, me emociono menos. Es un momento clonado.


Así que es mejor concentrarse en lo nuevo, que lo hay. Los nuevos personajes, Rey y Finn son geniales. Ella tiene el aura adecuada para recoger el testigo de los personajes clásicos. Finn aporta un sentido del humor más moderno, que no gustará a todos. El droide, BB8, es un hallazgo y recupera la conexión con lo infantil que tenía R2D2. Kylo Ren es un villano complejo, frágil, que personifica los temas más profundos de la saga. Pero también debo admitir que el gran spoiler de la película lleva a una gran decepción personal, que apunta a que la nueva trilogía no será la continuación de las aventuras de los personajes clásicos. Por último, decir que, efectivamente, hay un flashback, el primero en toda la saga, que nos muestra un momento decisivo en el pasado de Rey.