THE NEON DEMON (NICOLAS WINDING REFN, 2016)


Algo así como el cruce entre A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll, y una revista de moda vanguardista, así es la esperada nueva película del director danés Nicolas Winding Refn. El autor de Drive (2011) se aleja todavía más del cine narrativo, en una búsqueda estética que aquí da un paso más, tras la perturbadora y freudiana Solo Dios perdona (2013). The Neon Demon es como penetrar en una instalación de vídeo arte. La fotografía, el diseño de producción y la música -hipnótica de Cliff Martínez- son más importantes que un argumento esquelético que utiliza los arquetipos de los cuentos de hadas. Jesse, interpretada por una Elle Fanning de extraña belleza, es una heroína pura, virgen y natural. Se enfrenta a los celos de sus competidoras en la profesión del modelaje, tan envidiosas como las hermanastras de Cenicienta. Se puede hablar también de un príncipe azul, Dean (Karl Glusman) -¿O será más bien como los enanos que ayudaban a Blancanieves?- un lobo feroz, interpretado por Keanu Reeves y hasta una bruja mala, Jena Malone, decididamente inspirada en la condesa Bathory. Se podría citar como referente la maravillosa Mulholland Drive (2001) de David Lynch, sobre todo en momentos como el del misterioso visitante de la habitación de motel de Jesse.


Winding Refn retrata la trastienda de la moda de forma creíble, como lo hizo con el submundo de la droga en su ópera prima, Pusher (1996). Pero sería difícil relacionar la estética feísta de aquellos primeros trabajos con el cuidado de la imagen que encontramos aquí, que llega incluso a paralizar la historia que nos cuentan. Cada plano de esta película está estudiado con el esmero de una sesión fotográfica. Y quizás resulta igual de estático. Hermosa pero descorazonadora, The Neon Demon es una experiencia plástica, con fugas abstractas, que solo se convierte en film de terror en su tramo final, cuando irrumpe por sorpresa el género, dando paso a momentos sumamente truculentos. Hay, además, una explícita utilización de los símbolos en esta obra, como ese triángulo de neón rosa que sin duda representa lo femenino, o el propio personaje de Jena Malone, que de día maquilla cadáveres y de noche a modelos.