LANGOSTA: THE LOBSTER (YORGOS LANTHIMOS, 2015)


"Lo estamos haciendo fatal", es lo que pensaréis al salir de ver Langosta, siempre y cuando, aceptéis su propuesta. El director de Canino (2009) utiliza una abstracción para contarnos que la soledad es dura, la vida en pareja también y el amor es... peor. Yorgos Lanthimos hace transparente el absurdo de las relaciones sentimentales utilizando de nuevo una historia que se presume de ciencia ficción, pero la del Alphaville (1965) de Jean-Luc Godard. Un supuesto futuro distópico en el que la sociedad exige vivir en pareja es solo la premisa para una fábula sin moraleja en la que los personajes eligen qué animal quieren ser. El director griego despliega un arsenal de mecanismos recurrentes de extrañamiento: imágenes enigmáticas, fragmentos de música clásica que irrumpen repetitivamente, interpretaciones brechtianas de actores tan conocidos como Colin Farrell y Rachel Weisz, un ritmo en el montaje y un rigor en los planos que recuerdan a Michael Haneke, sobre todo cuando consigue crear una tensión casi insoportable ante algunos actos de crueldad perpetrados por los personajes. Langosta me ha recordado al episodio International Assassin de la serie The Leftovers, no solo por utilizar como escenario ese no-lugar frío y aséptico que es un hotel, sino porque establece unas reglas absurdas pero coherentes. En ambos casos podemos hablar de la atmósfera de un sueño hiperrealista. Langosta es definitivamente áspera, pero su humor surrealista la hace disfrutable, incluso entretenida. Eso sí, es una película que contiene una profunda tristeza, esa que conoce bien todo el que haya amado.