SNOWPIERCER (BONG JOON-HOO, 2013)

-AVISO SPOILERS-

Uno de los valores de la ciencia ficción "seria" es el de servir de parábola de la realidad utilizando la fantasía. Snowpiercer plantea un Apocalipsis ecológico en el que toda la tierra se ha helado, lo que obliga a la Humanidad a refugiarse en un arca de Noé con la forma de un tren imparable. Dentro de ese tren que nunca se detiene encontramos un esquema muy simple del sistema capitalista: los pobres malviven en el vagón de cola y los ricos gozan de groseros privilegios en la primera clase. El maquinista es el poder, y la locomotora, Dios.


Curtis (Chris Evans) tendrá que abrirse paso -a hostias- a lo largo de todo el tren, en una película trazada como una línea perfecta, como un largo travelling continuo hasta llegar al centro máximo del poder. Se le puede achacar a Snowpierce que su mensaje es demasiado claro -como en Eliysum (Neil Blomkamp, 2013)- y que su premisa, algo descabellada, la convierte en el relato simplificado hasta la abstracción de una revolución.

Precisamente, esa revolución iniciada por Curtis se revela inútil, al descubrirse que ha sido gestada dentro del propio sistema. Wilford (Ed Harris) es un Mago de Oz que desde la locomotora controla el sistema y sabe que necesita revoluciones periódicas -una crisis de vez en cuando- para mantener el equilibrio. Lo mismo que cuando Neo (Keanu Reeves) se enfrenta al Arquitecto (Helmut Bakaitis) en Matrix Reloaded (The Wachowski Brothers, 2003). La revolución ha sido asimilada, empaquetada y vendida por el propio sistema.


Lo que propone Snowpiercer es mear fuera del tiesto. Un elemento caótico como el personaje adicto a las drogas Namgoong Minsu (estupendo Kang-ho Song) ha entendido que la solución no es derrocar a Wilford para buscar a un líder benigno como Curtis. Eso es seguir pensando dentro del sistema. La clave es descubrir cuál es la mentira sobre la que se basa todo. En el caso de Snowpiercer, se trata del miedo a vivir en el mundo helado fuera del tren. Es el mismo miedo que mantiene cautivos a los protagonistas de El Bosque (M. Night Shyamalan, 2003) y a los de THX 1138 (George Lucas, 1971). El mayor logro del sistema es conseguir que creamos que estamos atrapados. Que no hay salida.