BUSCANDO A DORY (ANDREW STANTON, ANGUS MCLANE, 2016)


La gran pregunta que me hago siempre ante cada estreno de una película de Pixar es: ¿Esto para quién es?. Del revés (2015), en mi opinión, era claramente para "adultos", por apoyarse sobre todo en diálogos de humor en clave psicológica y por su tema de fondo: debemos aceptar la tristeza como parte de la vida. La siguiente entrega de la productora de Disney fue El viaje de Arlo (2015), más afín a la imaginería infantil -dinosaurios, un niño cavernícola- pero demasiado paisajística y lírica en su relato del trayecto hacia la madurez. Llegamos entonces a Buscando a Dory ¿La puede ver tu hijo/hija?. Los padres conocemos mejor que nadie a nuestros hijos, así que lo único que puedo decir es que el mío -a un par de meses de cumplir tres años- aguantó bastante bien la película. Veamos. Lo primero, decir que el cortometraje que suele preceder a las películas de Pixar no le interesó un pimiento. Esta pequeña obra, titulada Piper, ofrece una historia muy sencilla, pero es un portento técnico en cuanto a animación. La espuma del mar que aparece al principio es imposible de distinguir de la real y cada grano de arena de la playa se comporta exactamente como un grano de arena de playa. Un hiperrealismo que quita el hipo, pero que no interesó en absoluto a mi hijo, que probablemente se creyó que le estaba intentando colar otro documental de naturaleza. Vale. Seguimos. Comenzada la película en sí, la cosa cambia. El mar y los efectos de luz también son prodigiosos en Buscando a Dory, pero los peces tienen el aspecto atractivo y vivaz de los dibujos animados de siempre. Sin embargo, el inicio de la historia es un ejemplo más del pozo de amargura que suelen tener las películas de Pixar. El problema que tiene Dory (Ellen DeGeneres o Anabel Alonso) con su memoria a corto plazo, que en Buscando a Nemo (2003) parecía un chiste sobre la "memoria de pez", deviene aquí en tragedia. El prólogo nos deja el corazón en un puño. Por suerte, mi hijo es demasiado pequeño para entender el drama que supone la incapacidad de recordar las cosas. Una discapacidad en toda regla que se enmascara con pequeños chistes que, el espectador adulto, sufre con una sonrisa amarga. Lo que sí puede entender perfectamente mi hijo es la separación de los padres, tema principal de esta historia, como lo fue en Nemo. Ahora bien, el guión funciona como un tiro. Las situaciones se suceden de una forma avasalladora. El metraje no tiene prácticamente ninguna pausa y se estructura en set pieces como las de una -buena- película de aventuras: los protagonistas van de un lugar a otro, se enfrentan a obstáculos y conocen a nuevos personajes constantemente. Un ritmo ideal para un niño pequeño que todavía tiene que desarrollar su capacidad de atención. Todo ocurre de forma divertida e ingeniosa y en este sentido la película es una maravilla. Ahora bien, el desenlace es muy emotivo y puede ser demasiado intenso para niños algo mayores, que puedan comprender la repercusión de lo que ocurre. Ningún personaje muere, pero sí se valora la idea de una posible muerte, un tema delicado con pequeños de ciertas edades. Por último, la duración de la película -unos 100 minutos- excede un poco la duración ideal de 80 o 90 minutos para que el pequeño no se canse demasiado. ¿Conclusión?. Si creéis en el poder de las historias, si creéis que el mensaje de una película puede alcanzar a un niño a pesar de su falta de madurez para captar todos los matices conscientemente, creo que Buscando a Dory tiene el corazón en el lugar correcto: al lado de los diferentes, de los aparentemente menos talentosos, de los obligados a superar dificultades para conseguir ser felices a pesar de todo.