EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING (JAMES WAN, 2013)


Si os fijáis bien, James Wan dedica varias escenas de esta película a enseñarnos la casa -la disposición de las habitaciones en cada planta- a la que se está mudando la familia Perron. El director, de origen malasio, considera muy importante que podamos trazar mentalmente el plano de la vivienda hechizada. Para conseguirlo, utiliza la profundidad de campo y virtuosos planos secuencia. Solo así podrá jugar con nosotros a esconder a los espeluznante seres sobrenaturales en los rincones de las habitaciones, al final del pasillo, dentro del armario, o en las escaleras del sótano secreto que descubrimos con la propia familia. El mismo Wan confiesa que uno de sus trucos es colocar la cámara detrás de los personajes, para así meternos junto a la familia víctima del encantamiento dentro de la casa embrujada. Esas primeras escenas domésticas sirven para enseñarnos la vivienda y para establecer una base realista que nos permitirá dar, después, el salto a lo fantástico. Es también el momento en el que el guión dibuja a los personajes -a grandes rasgos- para generar el mínimo de empatía necesario para hacernos temer por ellos. Esta estrategia había sido ensayada previamente por Wan -y su guionista Leigh Whannell- en la saga de Insidious, producida por New Line Cinema y que comparte con Expediente Warren numerosos aspectos argumentales y mitológicos. Tanto, que podríamos considerar esa saga como una adaptación no oficial -y de bajo presupuesto- de las experiencias de Ed y Lorraine Warren, matrimonio famoso por investigar lo paranormal. Volviendo a The Conjuring, James Wan establece con el espectador un juego de sustos que utiliza la casa de los Perron como tablero. De hecho, hay dos "juegos" muy claros. El primero, en el que una niña -o la madre interpretada por Lili Taylor- se venda los ojos para luego buscar a ciegas a sus hermanas, que le guían por el oído dando tres palmadas. Al principio vemos el juego en condiciones "normales" para entender sus reglas, pero luego este se repetirá un par de veces con la intervención de los fantasmas, consiguiendo unos sustos tremendos en el espectador. En esto, el director demuestra un manejo de la tensión casi insuperable. El otro juego que aparece en la película es el de una antigua caja de música, provista de un espejo en el que debe aparecer el amigo imaginario de la niña más pequeña de los Perron. La acción se repite varias veces durante el film, con diferentes resultados, pero disparando siempre la tensión en el espectador. Con estos materiales, Wan convierte su película en un divertimento pulido que perfecciona los resortes de Insidious y que solo será superada por su propia secuela, Expediente Warren: El caso Enfield. Y aún así, el film tiene otros momentos inspirados y más narrativos, como el prólogo sobre la muñeca Annabelle que dio pie a un spin-off decepcionante.