WARCRAFT. EL ORIGEN (DUNCAN JONES, 2016)


A pesar de ser Duncan Jones un director digno de todo nuestro interés -autor de aquella revelación que fue Moon (2009), seguida de la estimulante Código fuente (2011)- hay poquísimas razones para someterse al visionado de Warcraft. El origen. Se trata de un blockbuster bastante impersonal, un ejercicio convencional de fantasía heroica post El Señor de los anillos (Peter Jackson, 2001) y, lo peor de todo, la adaptación de un videojuego, ejercicio que hasta ahora sido completamente estéril, produciendo algunas de las peores películas de la historia del cine. Las carencias de esta obra se multiplican como los orcos que intentan invadir el pacífico mundo de humanos, enanos y elfos. Aunque el título incluya la frase "El origen", mi sensación ha sido la de asistir a una historia de la que me he perdido algo. El argumento, harto sencillo, se torna confuso precisamente porque se agota en su mismo planteamiento: el enfrentamiento entre orcos y humanos. El mundo que describe la película es tremendamente pobre, nada que ver con la rica mitología de la obra de Tolkien, cuya demografía de seres fantásticos sin embargo, copia. Los personajes tienen poco o ningún interés, sin más personalidad que unas gruesas motivaciones como el amor por la familia o la venganza. Una contradicción, ya que en origen World of Warcraft es un videojuego de rol, lo que supone que el jugador debe esmerarse en el desarrollo de su personaje. Por eso mismo, si los orcos de Tolkien eran seres viles sin redención, aquí algunos son heroicos -Durotan (Toby Kebbell)- porque, claro, en el videojuego puedes encarnar a uno de estos seres adoptando su punto de vista. Pero si Peter Jackson intentó en su trilogía utilizar todo lo posible los maquillajes y las prótesis físicas, aquí todo lo que no sea humano es digital. Si Jackson se limitó a crear digitalmente solo a Gollum (Andy Serkis), aquí hay una gran cantidad de personajes animados y no solo eso, escenarios y ciudades creadas por ordenador. Tanta carne y ladrillo digital restan peso a la película de Duncan Jones que acaba pareciéndose peligrosamente al videojuego original, con la diferencia de que aquí no podemos interactuar. Ya me habría gustado, para cambiar un poco esta soporífera historia.