GREEN ROOM (JEREMY SAULNIER, 2015)


En la boca del lobo. Un grupo de chavales se han metido donde no debían. Desde La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) hasta la reciente The Green Inferno (Eli Roth, 2013) hemos visto miles de veces el mismo argumento: no hay salida. Los protagonistas se hallan atrapados en una situación muy chunga y saben que escapar significa dolor. Y muerte. No todos van a sobrevivir. Esto es un subgénero en toda regla que suele enfrentar a urbanitas contra representantes de un orden más primitivo, como en la australiana Wolf Creek 2 (Greg McLean, 2014). La historia suele ocurrir en bosques, carreteras secundarias o países "extranjeros", véase Hostel (Eli Roth, 2005). En los últimos años, el género se ha contaminado con el torture porn: veremos a nuestros héroes sufrir todo tipo de mutilaciones sangrientas. La estupenda Green Room toca todos los acordes -a ritmo de hardcore punk- de esa canción conocida que tanto gusta a los amantes del (sub)género. Pero además, el director Jeremy Saulnier -que se dio a conocer por el éxito en Cannes de la contundente Blue Ruin (2013)- aporta pequeñas variaciones que hacen que su película sea harto disfrutable. La primera, que sus protagonistas no son los típicos idiotas que queremos ver morir bajo la motosierra de Leatherface -cómo echaremos de menos a Anton Yelchin- sino chavales entrañables, anti-modernos, amantes de la música y de la provocación. Los típicos paletos caníbales son sustituidos por algo mucho más cercano y aterrador: un grupo neonazi, con su organización paramilitar, afición por las navajas y unos perros de pelea que acojonan. Saulnier repite así algunos elementos de Blue Ruin: sus héroes se mueven al margen del sistema y los conflictos -violentos- se resuelven fuera de la Ley. Saulnier -también guionista- va en contra del cliché, buscando la sorpresa y haciendo uso de un sano humor descreído y casi casi autoconsciente. Por último, decir que, si bien he hablado de películas de terror como referentes, el director reconoce otro algo distinto: Asalto a la comisaría en el distrito 13 (John Carpenter, 1976). Estamos entonces ante una película en la que el grupo protagonista se encuentra "sitiado". Recordemos que Carpenter se inspiró a su vez en Río Bravo (1959) de Howard Hawks, que hizo su propio remake poco después, con El Dorado (1966). Desde luego, Green Room os tendrá hasta el último segundo dándole vueltas a una sola idea: ¿Cómo cojones van a salir vivos de allí?