ANNABELLE (JOHN R. LEONETTI, 2014)



Cada vez que Annabelle aparece en Expediente Warren: The Conjuring (2013) el público se estremece. Incluso en su breve cameo en la posterior Expediente Warren: El caso Enfield (2016) sentimos un escalofrío al verla en su ya famosa vitrina. La muñeca es la culminación de la atracción que parece sentir el director James Wan por los muñecos diabólicos -al parecer originada tras ver Poltergeist (Tobe Hooper, 1982)- presentes en su filmografía desde la marioneta de Saw (2004) y hasta la madre de todas las películas de muñecos, la entrañable Silencio desde el Mal (2007). Tanto miedo da Annabelle en The Conjuring, que era lógico que a los productores se les ocurriese hacer un rápido spin-off saca cuartos. Y era bastante predecible que el invento no iba a estar a la altura de Insidious (2010) o de la propia Expediente Warren, al no estar el talentoso Wan en la dirección, sino el director de fotografía de esta última. Otro obstáculo es que la película no adapta un caso de los Warren -Vera Farmiga y Patrick Wilson en las películas- sino que se inventa una historia original. Lo que nos cuentan en el prólogo de The Conjuring sobre la muñeca, sí se inspira en el espeluznante episodio que el matrimonio relata en su libro The Demonologist: The Extraordinary Career of Ed and Lorraine Warren (2002). Un relato en forma de entrevista, tan sencillo como terrorífico. De este documento, solo quedan en la película sobre Annabelle un par de momentos. El film se centra algo menos en la muñeca de lo esperado, y prefiere seguir otros derroteros. El guión recoge la mitología establecida por los Warren -y por James Wan tanto en esta saga como en la de Insidious- en la que se distingue entre fantasmas humanos y espíritus inhumanos, entidades demoníacas mucho más peligrosas. En la historia "verídica", un demonio se hace pasar por el fantasma de la niña Annabelle Higgins, para engañar a las incautas enfermeras que aparecen reflejadas en el prólogo de The Conjuring. Aquí descubrimos quién era la tal Annabelle, cuyo origen no está demasiado lejos del de Chucky (Tom Holland, 1988). Eso sí, el verdadero mal es un demonio muy negro, creado por KNB Efex. A pesar del atractivo pavoroso de la muñeca -que se parece poco, visualmente, a la "verdadera"- los productores parecen haber sentido la necesidad de recurrir a una historia de terror más tradicional, que se apoya en los miedos de la maternidad. Para ello, utilizan otro hecho real, los terribles crímenes de la familia Manson, que cometió varios asesinatos en 1969, entre ellos el de la actriz Sharon Tate, a la que apuñalaron estando embarazada. Era la mujer del gran director Roman Polanski, que luego exorcizó esos fantasmas con una obra maestra en la que esta pobre Annabelle intenta inspirarse: La semilla del diablo (1968).