HOMELAND -TEMPORADA 4- THE DRONE QUEEN


THE DRONE QUEEN (9 OCTUBRE) -AVISO SPOILERS-
No me gusta Homeland. Señalo aquí mis problemas con la temporada anterior, y aquí mi opinión sobre el trato que le han dado sus creadores a sus personajes femeninos. Digo esto para dejar clara mi postura inicial a la hora de ver la nueva temporada. Ya de entrada tengo un par de quejas. La primera es que Homeland fue Homeland sobre todo en su primera etapa. Cuando la tensión provenía de una duda probablemente insostenible ¿es Nicholas Brody (Damian Lewis) un héroe americano o un infiltrado terrorista islámico? Ese concepto era verdaderamente atractivo, en una ficción que vendía sintonía con el clima post 11-S y, sobre todo, verosimilitud. Pues ahí que a sus creadores se les ocurre que puede haber una historia de amor entre Brody y la agente de la CIA, Carrie Mathison (Claire Danes), encargada de desenmascararle. Adiós al realismo, hola al éxito internacional. Sólo el final de Argo (Ben Affleck, 2012) me parece más forzado. Tras tres temporadas, descubierto quién es realmente Brody, y resuelta su relación con Carrie, poco queda del concepto original. La serie debe reinventarse, incluso traicionando su propio título. Porque el gran atractivo de Homeland era que traía la amenaza terrorista a suelo estadounidense, a esas casas de vecindarios familiares en las que se escondían terroristas y espías con problemas mentales. Ahora la serie se traslada a suelo extranjero: pues entonces debería llamarse Abroad. En Afganistán nos sitúa el inicio del primer capítulo, y nos muestran a Carrie siendo muy Carrie: decide caminar a pie las dos calles que le separan de su base, en territorio hostil, y con los marines que la custodian lógicamente acojonados. Pero enseguida nos cambian el paso: Carrie ahora dirige una operación, y no se fía de su fuente. Raro. En la siguiente escena se nos muestra que el personal bajo las ordenes de Carrie le ha organizado una pequeña fiesta de cumpleaños: la quieren, aunque ella no parece conectar demasiado. Todo esto tras hablar de asesinar a un peligroso líder terrorista. Supongo que la vida continúa. Homeland se esmera por contrastar la lucha contra el terrorismo con las escenas más cotidianas: Carrie, elegantemente vestida, en su pequeño búnker dentro de la base militar, se relaja con una copa de vino blanco mientras habla por skype con su hermana. Ella le pregunta: "¿cómo has celebrado tu cumpleaños?" Y Carrie responde con naturalidad: "un par de interrogatorios, dirigir otra misión, por cierto ¿cómo está mi hijo?" WTF! Hay una tensión tremenda entre el esfuerzo de los guionistas de mostrar a Carrie como una madre preocupada y el hecho innegable de que prefiere un trabajo que significa perderse su infancia. Un conflicto muy interesante que, creo yo, habría dado suficiente material dramático para una temporada entera. Pero la lucha contra el terrorismo no es compatible con la conciliación familiar y laboral: Carrie debe ser la heroína preferida de Mónica de Oriol. Tan eficiente es que, mientras duerme -con un antifaz que simboliza la negativa a reconocer las consecuencias de sus actos- sus bombas matan a varios civiles. Los polémicos drones, y las bajas civiles son el conflicto central -y moral- del episodio: recordemos que Brody se unía a la "Yihad" tras un bombardeo en el que moría un niño al que servía de tutor. Ahora un joven estudiante de medicina, Aayan (Suraj Sharma), recoge ese espíritu y se convierte en la dramatización de cómo la lucha contra el terrorismo engendra nuevos terroristas. Sin sutilezas. Pero en el más puro estilo Homeland, el chaval tiene la reacción menos creíble que he visto jamás tras la muerte de una familia: sigue estudiando para honrar su memoria. Curiosamente, las consecuencias del bombardeo son el conflicto principal que afecta a Carrie, pero al no tener ella ninguna vida personal -ni Brody, ni su hijo, ni parientes- las consecuencias de su error parecen un poco abstractas. La frialdad con la que Carrie justifica los bombardeos y las bajas civiles, "es un trabajo", resulta poco convincente. Y si tal actitud se ajusta a la realidad, resulta escalofriante. Tras estar al borde de ser víctima de la justicia popular por el bombardeo, Carrie se lava la cara manchada de sangre -ya no está detrás de una fría pantalla dando órdenes a los drones- y se retoca el maquillaje para hablar con sus superiores.