LA DESAPARICIÓN DE ELEANOR RIGBY (NED BENSON, 2014)

Creo recordar que Ernesto Sábato, en Sobre héroes y tumbas (1961), aseguraba que el ser humano es necesariamente irracional porque ante determinadas tragedias, lo verdaderamente lógico sería renunciar a la vida. Hay desgracias con las que seguir viviendo debería ser insoportable. Y recuperar la felicidad, imposible. En La desaparición de Eleanor Rigby hay una ausencia que marca la existencia de todos sus personajes, pero que no se revela hasta bien avanzada la película. Durante gran parte del metraje intentamos adivinar qué puede haber pasado en la vida de los protagonistas para que sufran de esa manera. Durante esos minutos podemos proyectar en su dolor nuestras propias angustias. 


-AVISO SPOILERS-
La desaparición de Eleanor Rigby trata sobre aceptar la pérdida como primer paso hacia la curación. Por eso ningún personaje habla directamente sobre lo que ha pasado. Los protagonistas se encuentran en una fase de negación que les impide avanzar. La película se construye en su primer tramo, elegantemente, sobre el inmenso peso de ese vacío, haciendo patente la eternidad de los minutos cuando lo único que necesitamos es que pase el tiempo. El mejor exponente de ese estado de negación es la amistad que Eleanor (Jessica Chastain) traba con la profesora Friedman (Viola Davis). La primera evita revelar su tragedia a la segunda. Necesita la compañía de alguien que la trate como a una persona "normal". Una amistad "limpia" que no gire entorno a una desgracia de la que intenta escapar desesperadamente. Para cuando uno de los personajes verbaliza lo que ha pasado hay una gran cantidad de emociones contenidas que el cuidadoso guión deja salir en el tramo final como un torrente que resulta difícil de soportar. Quizás, para alguno, el director y guionista, Ned Benson, se excede. Yo creo que el cine -la ficción, la tragedia- existen precisamente para eso. La catarsis.


"Te quiero", le dice Eleanor a Conor (James McAvoy), y él responde "Lo sé". Pero el amor no siempre es suficiente. La desaparición de Eleanor Rigby gira también entorno a la fragilidad de la pareja, y desvela que nuestra verdadera prioridad no es el amor. El padre de Eleanor (William Hurt) confiesa que sigue casado a pesar de que lo lógico habría sido separarse en más de una ocasión. Se trata de aguantar a pesar de que la pasión se ha acabado hace ya mucho tiempo. Es quizás el reflejo de una manera de pensar de otra generación. Porque la actual, la de Eleanor y Conor, no parece capaz de resistir ante una pérdida terrible a pesar de que todavía se aman. Pero quizás eso sea pedir demasiado.

La primera película de Ned Benson, es al mismo tiempo su tercera. La desaparición de Eleanor Rigby es en realidad dos películas independientes, una desde el punto de vista de Eleanor y otra desde la perspectiva de Conor. 190 minutos que ahora se funden -por razones comerciales- en una sola historia de dos horas. Esto, en mi opinión, lastra levemente el resultado final. La alternancia de puntos de vista resta fluidez a la trama, que parece tropezar de vez en cuando en su intento de incluir demasiados momentos de una gran intensidad dramática. A pesar de esto, la película incluye instantes hermosos en los que los personajes, interpretados por actores de mucho talento, consiguen reflejar nuestras vidas. Todos hemos conocido alguna vez la pérdida. Y si no es así, lo siento, porque solo el que nunca ha amado de verdad puede vivir sin sufrirla.