LOGAN: LA MEJOR DE LOS X-MEN



Decir que Logan es la mejor película sobre Lobezno no es mucho. Decir que Logan es la mejor entrega de la saga de los X-Men ya son palabras mayores. Yo prefiero afirmar que, esta nueva aventura del mutante canadiense, es simplemente una muy buena película. Mejorar lo visto en X-Men Orígenes: Lobezno (2009) y en Lobezno inmortal (2013) era lo mínimo que se le podía exigir a esta nueva entrega. Y vaya si lo consigue. Estamos ante una historia madura, emotiva, repleta de acción -claro- que propone un argumento bastante independiente de sagas, secuelas y de la franquicia X en general. No hace falta haber visto ninguna película anterior para disfrutar del film de James Mangold. Pero hay que decir que, estos personajes -Lobezno, Charles Xavier, X-23- tienen a sus espaldas años de historia cinematográfica y tebeística y eso, para el fan, es un valor añadido. Logan sigue los pasos de Deadpool (2016) y se atreve con una historia dirigida a los adultos. Hay más violencia y sangre en esta película que en todas las anteriores de X-Men juntas. Nunca habíamos visto a un Lobezno tan salvaje, que hiciera tan buen uso de sus icónicas garras de adamantium para lo que realmente sirven: despedazar a sus enemigos. Pero, al mismo tiempo, hay más humanidad en este film que en la mayoría de cintas sobre superhéroes. Mangold aprovecha de forma inédita a los personajes -y a los actores- de la franquicia que inició Bryan Singer en X-Men (2000). Hugh Jackman nació para ser Lobezno, y en esta versión crepuscular se crece todavía más. Me alegro por él, porque siempre intentó conseguir un logro artístico como el que nos ocupa, con un personaje al que ha dedicado 17 años de su vida. Patrick Stewart siempre resulta convincente como Charles Xavier, pero aquí, por primera vez, su papel le permite el espacio suficiente para componer un personaje inolvidable. Es la mejor versión del Profesor X que yo haya visto en el cine. Por último, Dafne Keen es todo un hallazgo como Laura, X-23, personaje creado en una serie animada -X-Men: Evolution (2009)- y luego trasladado al cómic en lo que viene a ser una idea tan afortunada como meter las rabietas asesinas de Lobezno en el cuerpecito de una niña. Lo que transmite Keen sin decir una palabra es tremendo y su papel es la columna emocional que sostiene esta historia. La relación entre Logan y Laura que vemos aquí recuerda, en los cómics originales, a la del mutante de las garras y Júbilo, joven asiática con la que el héroe se enfrentó a los villanos cibernéticos llamados Reavers/Cosechadores a partir de Uncanny X-Men #244 (1989) con guión de Chris Claremont y dibujos de Marc Silvestri. En aquella saga, el supergrupo mutante prácticamente dejaba de existir, y Lobezno y la niña tenían que resistir sin ayuda el acoso de sus enemigos, liderados, precisamente, por el cyborg Donald Pierce, aquí encarnado por Boyd Holbrook -mucho mejor que en Narcos (2015)- que compone un personaje convincente, un buen villano en una franquicia que ya tiene varios: los Magneto de Ian McKellen y Michael Fassbender, el William Stryker de Brian Cox, incluso el Sebastian Shaw de Kevin Bacon. Un buen reparto de secundarios solventes -Stephen Merchant, Richard E. Grant- redondean un elenco sólido. La historia tiene un tono post-apocalíptico -estamos en un futuro cercano- y es en parte road movie, actioner y western. Ahí están las referencias evidentes a un clásico como Raíces profundas (1953), pero también a sagas del cómic como Old Man Logan (2008) de Mark Millar -autor de Kick-Ass (2010), Kingsman (2014)- y por supuesto, a las diferentes miniseries sobre X-23 (2004), creada por Craig Kyle. Logan es algo así como el Sin Perdón (1992) del cine de superhéroes y su protagonista parece mirarse en el espejo del Johnny Cash del final de su carrera/vida, el de Hurt (2002). Estamos por tanto ante una película -de superhéroes- prácticamente perfecta.