IRON FIST: SER O NO SER, PEQUEÑO SALTAMONTES


Iron Fist viene a completar el póker de superhéroes de Marvel/Netflix tras Daredevil, Jessica Jones y Luke Cage, que se reunirán enseguida en Los Defensores (2017), equivalente televisivo a Los Vengadores del cine. En oposición a las aventuras cósmicas de estos últimos, los personajes de estas ficciones tienen un planteamiento más realista, más oscuro y sobre todo más urbano. Las peleas callejeras de Daredevil poco tienen que ver con la capacidad de personajes como Hulk o Thor para dejar en ruinas una ciudad enteraFirmemente ligados a la ciudad de Nueva York -seña de identidad de la editorial Marvel- estas series de Netflix han tenido mucho cuidado de no dejarse llevar por el colorido pop de los cómics clásicos, para no perder credibilidad de cara al espectador. Chris Evans puede vestir los colores chillones del Capitán América porque protagoniza una superproducción de elevado presupuesto, mientras que Charlie Cox no se enfunda en la armadura roja de Daredevil hasta el último episodio de la primera temporada de su serie, modesta en comparación con las películas. De igual manera, Danny Rand (Finn Jones) no vestirá las mallas verdes ni el pañuelo amarillo del Iron Fist de los tebeos. Primer error, en mi opinión. Porque la naturaleza del personaje -creado por Roy Thomas y Gil Kane en 1974- se presta mucho más a la fantasía que sus compañeros. Si Daredevil es puro relato superhéroico, Jessica Jones es novela negra, y Luke Cage blaxploitation, Iron Fist nació inspirándose en las películas de kung-fuprimero en la película The Duel (Cheh Chang, 1971) -aunque también en las aventuras orientales del personaje creado por Bill Everett, Amazing-Man (1939)-. Puño de Hierro surgió justo después de la muerte de Bruce Lee en 1973 y su vida editorial apenas sobrevivió el final de aquella moda. Luego tendría que unir fuerzas con Luke Cage, compartiendo aventuras en sus cómics, como pronto lo hará en la pequeña pantalla. 



Dicho todo esto, se puede concluir que Iron Fist, la serie, juega en contra de las expectativas. El peso de las artes marciales no es el que podríamos haber anticipado en la adaptación de las aventuras del personaje. Precisamente, el segundo defecto que se le puede achacar a la serie son sus escenas de lucha, por cantidad y por calidad. Se echa en falta algo más de acción -la inferior Arrow tiene varias peleas por capítulo- y alguna set piece verdaderamente memorable, como, por ejemplo, la pelea en plano secuencia del primer Daredevil. Falta también algo de colorido: asumamos que el héroe no vestirá las mallas del cómic, vale, pero tampoco aparecen los ninjas de La Mano -presentes en Daredevil-. Aquí los superhéroes y los supervillanos visten ropas de calle tan realistas como una sudadera, pero también igual de aburridas. En el mismo sentido, el show runner, Scott Buck, opta por alejarse de la mística ciudad de K'un-Lun -donde el héroe obtiene sus poderes- que no llegamos a ver, para centrarse en los escenarios empresariales de la otra faceta de Danny Rand, como heredero de un millonario holding. Esto es así, seguramente, por razones presupuestarias y porque resulta mucho más actual hablar de corrupción financiera y de la responsabilidad social de las grandes empresas, que de artes marciales. Así, ganan importancia personajes secundarios como los hermanos Joy (Jessica Stroup) y Ward Meachum (Tom Pelphrey), que forman parte de la vida civil del héroe en las empresas Rand, en contraposición a Coleen Wing (Jessica Henwick), que representa su faceta superheroica y de filosofía oriental. Si los cómics originales tendían a un maniqueísmo que enfrentaba claramente a los buenos y a los malos, Iron Fist opta por reflejar la moral líquida de nuestros tiempos. Todos los personajes alrededor de Danny Rand se comportan de forma impredecible y más de uno dará una sorpresa en cuanto a sus lealtades. No hay héroes ni villanos absolutos en una ficción en las que todos se mueven en una franja gris que puede resultar más interesante que el blanco y negro de otras ficciones del subgénero. Pero también es verdad que no encontramos aquí a un antagonista de la estatura de Kingpin (Vincent D'Onofrio), Kilgrave (David Tennant) o el antihéroe Punisher (Jon Bernthal). Lo que no quiere decir que personajes como Bakuto (Ramón Rodríguez), Davos (Sacha Dhawan), Madame Gao (Wai Ching Ho) -una especie de Yoda maligna- y sobre todo Harold Meachum, no resulten muy interesantes, este último perfectamente interpretado por David Wenham. 



Juega también en contra de la serie la narrativa descomprimida -presente en las cabeceras Netflix ya mencionadas- que ralentiza la acción para detenerse en cada detalle del argumento. Así, el primer episodio estará dedicado enteramente -50 minutos- a la llegada del protagonista a Nueva York, donde todos le creían muerto. Iron Fist se irá desarrollando poco a poco, desvelando lentamente el origen del personaje, sus poderes, quiénes son sus enemigos y sus aliados. Este lento desvelar funciona bastante bien durante los primeros episodios, pero decae cuando ya están todas las cartas sobre la mesa. Le habría venido bien algo más de diversión a la serie, en la línea del episodio titulado Inmortal Emerges from the cave, en el que asistimos a un torneo de artes marciales -como en los videojuegos Street Fighter (1987) o Mortal Kombat (1992) o como la película Contacto sangriento (1988)- y que fue dirigido por el músico RZA, que firmara un simpático homenaje al cine de kung-fu -apadrinado por Quentin Tarantino- El hombre de los puños de hierro (2012). Resumiendo: la serie tiene demasiadas conversaciones entre personajes y más bien pocas escenas de acción. A pesar de estos defectos, Iron Fist se deja ver, resulta entretenida y está bien integrada en el universo Marvel televisivo, gracias a la aparición de personajes y villanos de Daredevil, Jessica Jones y Luke Cage. Nos reencontramos además con Claire Temple (Rosario Dawson), presente en todas las anteriores. Destaquemos además la entrañable interpretación de Finn Jones, que hace muy bien el papel de "pez fuera del agua", componiendo un personaje que predica un misticismo oriental a lo Star Wars, en conflicto con un trauma inicial que le emparenta con Bruce Wayne/Batman y que incluso tiene ecos de Hamlet. Así, lo más interesante de la propuesta es cómo los personajes buscan desesperadamente una identidad propia en un mundo complejo, de paradigmas, ideologías, religiones y lealtades cambiantes, en el que resulta difícil elegir bandos y que pone en duda incluso a la propia familia. Conceptos bastante ambiciosos para una serie de superhéroes con un protagonista experto en artes marciales.