MESA 19: PARA LOS QUE ODIAN LAS BODAS


Si los finales felices de las comedias románticas suelen tener lugar en una apoteósica boda, lo mejor que se puede decir de Mesa 19 -cuyo casi único escenario es un enlace matrimonial- es que convierte dicha celebración en un trance amargo mucho más cercano a la realidad. La premisa de la historia es verdaderamente afortunada: el banquete nupcial contado desde esa mesa en la que nadie quiere sentarse, la de los que han sido invitados de rebote y con la esperanza oculta de que declinen la oferta. Allí se ubican la exnovia repudiada del padrino, un matrimonio aburrido, un friki adolescente salido, la oveja negra de la familia y una niñera que teme haber sido olvidada por la joven que ahora se casa. El casting de este variopinto grupo de personajes es consecuente: no son estrellas de Hollywood, sino intérpretes habitualmente relegados a papeles secundarios, en mi opinión, mucho más atractivos. Protagoniza la deliciosa Anna Kendrick -Up in the Air (2009)- que ya colaboró con el director, Jeffrey Blitz, en su ópera prima de ficción, Rocket Science (2007). La acompañan Lisa Kudrow -siempre será la Phoebe de Friends (1994-2004)- junto al rotundo Craig Robinson -The Office (2005-2013)- el ojiplático Tony Revolori -El gran hotel Budapest (2014)- el genial Stephen Merchant -creador junto a Ricky Gervais de The Office (2001-2003)- y la entrañable June Squibb -A propósito de Schmidt (2002)-. Estos perdedores se enfrentan a los personajes arquetípicos de las bodas: los novios sosos, la madre con una copa de más, la dama de honor repelente, la amiga cachonda y su corte de salidos esperando pillar cacho, uno que se ha colado y el padrino capullo, Wyatt Russell -Black Mirror (2016)-. Con estos elementos, Mesa 19 sortea con más o menos acierto los convencionalismos de la comedia romántica. Evita los momentos forzadamente felices de las bodas, prefiere lo que pasa entre bambalinas: la torpeza, la falsedad, la salida de tono y lo socialmente incómodo. La película incluso se aleja del terreno cómico en algún momento para crear momentos melancólicos con aire de cine indie. Dirige el mencionado Jeffrey Blitz, bregado en sitcoms como The Office, pero quizás tengan más peso sus guionistas, los hermanos Jay y Mark Duplass, autores de la estupenda Cyrus (2010). Resalto el guión por su habilidad para fabricar running gags, para plantar semillas discretamente que luego darán buenos frutos y por conseguir un final redondo que maneja estupendamente el tiempo dramático para retorcer, de nuevo, las convenciones. Por otro lado, hay que decir que se echa en falta algo más de mala leche y que sobran las torpes pinceladas de slapstick que intentan hacer graciosas unas caídas recurrentes. Lo mejor de la función, sin duda, es ese verso libre, surrealista, incómodo, que es Stephen Merchant, con esa sonrisa imposiblemente grande de gigante desorientado. Mesa 19 no revoluciona, pero es una opción estimable para los fans de la comedia romántica.