THE GUEST (ADAM WINGARD, 2014)


Hay una efectividad narrativa en The Guest que me hace pensar en la serie B -no entendáis el término como peyorativo, todo lo contrario- de directores como Jack Arnold. Adam Wingard y su guionista Simon Barret comprimen su historia en 100 minutos en los que ocurren un montón de cosas. El presupuesto limitado obliga a ser ingeniosos y sobre todo concretos. The Guest tiene pocas pausas, más bien ninguna- y te mantiene en tensión durante toda la película. El otro elemento -positivo- a tener en cuenta es su espíritu ochentero. No hablo solo de su banda sonora -que evoca a John Carpenter- ni de las canciones que escuchan los personajes. Me refiero a cómo The Guest se apoya en un high-concept sin por ello descuidar la caracterización de unos personajes que se nos hacen cercanos en unos pocos trazos. Eso sí, lo mejor es darle una oportunidad a The Guest sabiendo lo menos posible de su argumento. Os recomiendo que no sigáis leyendo si no la habéis visto.



-AVISO SPOILERS-

Si nos colocamos en el punto de vista del adolescente Luke Peterson (Brendan Meyer) la aparición de David (Dan Stevens) -el invitado- es la materialización de todos sus sueños. ¿Qué chaval no querría tener a un amigo con la capacidad de amedrentar a los macarras de su instituto y de sacar de circulación al perjudicial novio de su hermana? Además, David transforma al fracasado y alcohólico padre de Luke -Spencer Peterson (Leland Orser)- en un tipo exitoso. Todos estos cambios, si lo pensáis bien, son los que experimenta el entorno familiar de Marty McFly (Michael J. Fox) tras su viaje en el tiempo en Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985). Pero de dónde bebe realmente The Guest es sin duda de Terminator 2 (James Cameron, 1991). Luke es John Connor (Edward Furlong) y David es su T-800 (Arnold Schwazenegger): un amigo imposible, como el de E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982).



Pero hay un giro en esta historia que la convierte, atención, en el primer Terminator (James Cameron, 1984). David se convierte en un asesino imparable que persigue a una camarera, aunque esta no se llama Sarah Connor (Linda Hamilton) sino Anna Peterson (Maika Monroe). Si bien David esconde un misterio que remite a Soldado Universal (Roland Emmerich, 1992), en el subtexto de esta entretenida historia encontramos la culpa de la sociedad estadounidense por sus numerosas guerras globales. La culpa de los que siguen con sus -consumistas- vidas, mientras jóvenes compatriotas mueren quién sabe donde. Pero sobre todo la culpa de percibir al soldado de forma ambigua: es un súperhombre capaz de resolver cualquier problema, pero cuando hay que lidiar con las consecuencias de sus actos, se convierte en un temible asesino.