BATMAN V. SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA (ZACK SNYDER, 2016)


Vaya por delante mi profunda devoción hacia dos personajes que en los tebeos me han acompañado desde niño. La expectación era grande, ver en una pantalla de cine por primera vez a los dos mayores héroes del comic book. Y la decepción ha sido pequeña. La película tiene cierto encanto, sí, pero como armatoste gigantesco. Lo mejor, la imagen de Ben Affleck embutido en el traje de Batman tiene una textura hiperrealista comparable a los dibujos del ilustrador Alex Ross. Lo peor, la incapacidad de Zack Snyder como narrador. Su sentido visual preciosista no tiene igual, pero brilla más en las adaptaciones del cómic que le han hecho famoso: darle vida a las estáticas viñetas parece ser su fuerte, antes que contar una historia.


La de Batman v. Superman se divide en tres tramas protagonizadas por Bruce Wayne (Ben Affleck), Clark Kent (Henry Cavill) y Lex Luthor (Jesse Eisenberg). La historia es harto sencilla, pero el guión se empeña en embrollarlo tanto todo y las escenas que componen la trama son tan inconexas, que en algún momento se hace difícil atar los cabos. La sensación es la de estar ante una película de James Bond -sin gracia- en la que Batman es el agente secreto, Luthor el villano megalómano, y Wonder Woman (Gal Gadot) la clásica femme fatale. Bruce Wayne tiene incluso un Aston Martin. En la primera parte de la película hay poca acción, casi no aparecen Batman ni Superman. Para cuando todo encaja -el gran plan de Lex Luthor- hemos perdido la paciencia. Por si fuera poco, todo este relato previo a la esperada pelea se antoja innecesario, prescindible. Y, la verdad, los enfrentamientos entre los héroes -y el posterior villano- tampoco son demasiado espectaculares. Para alargar todavía más la película, hay dos secuencias -visualmente chulísimas- bastante extensas, cuyo único fin es anunciar una futura película sobre la Liga de la Justicia que incluiría también a Flash -ya sabéis que no es nuestro velocista favorito televisivo- Aquaman y Cyborg. Ambas secuencias, increíblemente, representan un parón en la historia y están pésimamente integradas en la película. Por último, la resolución del enfrentamiento entre los héroes se resuelve por una casualidad que... bueno, tiene su gracia. Pero enseguida, Snyder no consigue darle el dramatismo necesario a una sorpresa final que encima se desactiva inmediatamente con una torpeza imperdonable.


Lo más disfrutable de Batman v. Superman es su estética robada de Batman: El regreso del caballero oscuro (1986), cómic de Frank Miller en el que un hombre murciélago maduro y jubilado vuelve a las calles de Gotham, pero en plan Harry el Sucio. Dicha historieta incluye un enfrentamiento con Superman verdaderamente épico. También es interesante ver cómo aborda Snyder, director de 300 (2006) -otra adaptación de un cómic de Miller- a Wonder Woman, heroína cuyo origen está en la mitología griega. Mola verla con Batman y Superman, la tríada de DC Comics reunida en un solo plano cinematográfico. Pero donde más falla Snyder es en su tratamiento de Superman. No por haber cambiado la esencia del personaje -para encontrarla, os recomiendo Supergirl- sino porque no profundiza en las implicaciones de la existencia de un ser todopoderoso. Y eso que también ha adaptado Watchmen (2009).