FAN FICTION: POR QUÉ TODO EL CINE QUE VES ESTÁ MAL


¿Y si el cine que ves fuera, en realidad, fan fiction? El término se refiere a obras -literarias o cinematográficas- realizadas por no profesionales, de forma independiente y no oficial, inspirándose en novelas, cómics, películas, series o videojuegos. Son trabajos de amor, llevados acabo por fans que desean recrear elementos de los universos de ficción por los que sienten pasión. Peter Jackson, con tan solo 12 años, intentó recrear la mítica escena del Empire State de King Kong (1933) con una cámara súper 8. 32 años después, Jackson se permitía el lujo de hacer un remake del clásico con un presupuesto millonario. ¿Es la película de Jackson, de 2005, por tanto, fan fiction?. Cuando la Nouvelle Vague se rebeló contra el llamado cinéma de qualité en los años sesenta, la historia del cine cambió. Aquella rebelión de Godard, Truffaut y Rhomer -quienes, por cierto, eran cinéfilos y amantes de la literatura- era probablemente necesaria. A finales de los años setenta, en Hollywood, directores como Steven Spielberg y George Lucas cambiaron también la forma de entender el cine de entretenimiento. Dirigieron, escribieron y produjeron películas, crearon conceptos y formas de hacer, que todavía marcan la industria. Hoy, deberíamos tener delante a una generación que sustituya a Spielberg y a Lucas. Una nueva Nouvelle Vague. En su lugar, tenemos a Peter Jackson jugando con el tren eléctrico más caro del mundo. Tenemos a directores que han crecido con aquellas maravillosas películas de los años 80. Directores que son fans, que en lugar de romper con lo anterior, están abocados a continuar el legado de sus ídolos, utilizando para ello, además, el dinero de los grandes estudios.


Empecemos por Star Trek (2009) de J.J. Abrams, talentoso renovador de sueños ajenos -autor de la spielbergiana Super 8 (2011)-. El productor de Alias (2001), Lost (2004) y Fringe (2008) es un fan declarado de Star Wars, por lo que aplicó el filtro aventurero de la saga de Lucas a la ciencia ficción humanista de Gene Roddenberry. Muchos aborrecieron el resultado, pero la idea del reinicio -que utilizaba una paradoja temporal para contarnos todo de nuevo, con una tripulación rejuvenecida- era genial. Poco después, Abrams abandonaba a Kirk y compañía para capitanear la nueva película de Star Wars, convertida en franquicia tras ser comprada a George Lucas por Disney. En El despertar de la Fuerza (2015), la decisión creativa más polémica fue reproducir los momentos emocionales de Una nueva esperanza (1977). La mayoría opinó que se trataba prácticamente de un remake del film original. Es decir, el atrevimiento de Abrams al revolucionar el universo de Star Trek se convirtió en docilidad al tomar los mandos de una ficción de la que sí es fan. Pero hay más. En el Episodio VII vemos una nueva generación de personajes que no son más que ecos de los antiguos: Rey (Daisy Ridley) es una jedi en la línea de Luke Skywalker (Mark Hamill). ¡Pero es que además es su fan!. Rey ha crecido escuchando historias de Luke, de los jedis y de la Fuerza. Historias que cree simples leyendas hasta que Han Solo (Harrison Ford) le confirma que son reales. La película, además, está plagada de referencias reverenciales a la trilogía original. No es el único caso. Muy similar es el personaje de Adonis Creed (Michael B. Jordan), que también ha crecido admirando a Rocky Balboa (Sylvester Stallone). En Creed (2015), Adonis llega a Philadelphia para pedirle su ídolo que le entrene, pero antes hace un fan tour por los escenarios de Rocky (1976). La película hace lo mismo que El despertar de la Fuerza: reproduce la estructura del film fundacional de la saga e incluso toma prestadas las emociones de su famoso final anticlimático. Es la misma operación que lleva a cabo el director Colin Trevorrow en Jurassic World (2015), cuarto film de la serie que incluye un personaje friki, un fan -tiene hasta una camiseta- del Parque Jurásico original. En la ficción, este personaje, Lowery Cruthers (Jake Johnson), es un avatar de la nostalgia que sentimos hacia la película original, Parque Jurásico (1993). El film también copia la estructura de aquella -un parque de dinosaurios clonados que se desbocan- y recicla su clímax, pero acumulando saurios terribles para aumentar la espectacularidad y recuperando al viejo T-Rex como "héroe". Trevorrow, por cierto, es el encargado del futuro Episodio VIII (2017) de Star Wars. En el mismo saco habría que meter el reboot de Cazafantasmas (2016), que calca también a la original, Los cazafantasmas (1984), contiene fastidiosos cameos de los protagonistas de aquella, pero no encuentra una personalidad propia, a pesar del innegable carisma de sus actrices.


Por desgracia, hay más ejemplos, todavía peores, del creador como fan, siempre en manos de ejecutivos deseando resucitar una franquicia rentable. En la desastrosa Terminator Génesis (2015), se establece un juego con la película original, Terminator (1984), que llega incluso a recrear -y modificar- los planos originales- algo parecido a Regreso al futuro 2 (1989) con respecto a Regreso al futuro (1985), pero sin gracia-. La propuesta es parecida al reseteo de Abrams con Star Trek, pero fracasa estrepitosamente a pesar de haber conseguido la aprobación del mismísimo James Cameron. Otro intento reciente de sacar tajada de la nostalgia es la celebrada serie Stranger Things (2016), en la que parte del interés está en identificar las referencias a Spielberg y a Stephen King. Es fácil pasar por alto el saqueo de ideas y de emociones, debido al innegable carisma de una simpática propuesta que, sin embargo, no propone nada nuevo, como demostró el avispado youtuber que recopiló todos los planos "prestados" de películas muy conocidas de los años 80. ¿Qué sacamos entonces de todo esto? Descartemos, por favor, lugares comunes como que Hollywood se ha quedado sin ideas. El problema es quizás la reverencia hacia los referentes de nuestra infancia, que sienten también estos directores, sumada a las imposiciones de los grandes estudios que no quieren poner en peligro sus franquicias. George Lucas creció viendo seriales de Flash Gordon (1936), se enamoró de las películas de Kurosawa y de los westerns de Sergio Leone, pero utilizó esas referencias para crear algo diferente. Los fans que hacen el cine que vemos hoy no se atreven a proponer algo verdaderamente nuevo por miedo a enfadar a esos otros fans que somos nosotros mismos. Me hace gracia cuando los que van de cinéfilos se quejan de la mediocridad de estas películas, pero no se atreven a buscar propuestas renovadoras en otro tipo de cine: el independiente, el europeo, el asiático, el low cost. Son los mismos que se refugian en las series de moda -que pueden consumir más cómodamente, sin salir de casa- y dicen aquello de que el buen cine está en la televisión. Otro lugar común. Eso sí, siempre hay excepciones que confirman la norma: personalmente me resultan entrañables los revivals generados por los propios autores. Como el de Expediente X, llevado a cabo por Chris Carter, James Wong, Glen Morgan y Darin Morgan; que se postula como un "caras B" de la serie original. Aunque aquí también aparezca representada la figura del fan: el agente Miller (Robbie Amell), es un gran admirador de Fox Mulder (David Duchovny). Por otro lado, también me gusta el desenfado de Ash vs Evil Dead (2015) serie que no teme reírse de sí misma. Y, por último, está Mad Max: furia en la carretera (2015), que es un reboot, un remake y una secuela tardía. Pero también es una muy buena película.