LA VIDA DE CALABACÍN Y MI PRIMER FESTIVAL DE CINE


Todos recordamos nuestra primera vez en una sala de cine. La mía fue El abismo negro (1979), algo así como la respuesta de Disney a Star Wars (1977). No sé cómo decidió mi madre que estaba preparado para ver una película, en un cine, por primera vez, pero seguramente se arriesgó a tener que salir de la sala en mitad de la proyección. Es complicado saber cuándo un niño es lo suficientemente maduro para aguantar una película entera, por lo que es de agradecer iniciativas como Mi primer festival de cineuna fantástica oportunidad para que los más pequeños -a partir de dos años- se estrenen en eso que llamamos cinefilia. Celebrado en los cines Verdi de Madrid, con votaciones y todo, Mi primer festival es, para un aficionado al séptimo arte, la maravillosa oportunidad de compartir con sus hijos su gran pasión cultural. El mío -de tres años- se lo pasó en grande esperando cada cortometraje animado -la selección fue variada, ágil y divertida- preguntándome por el siguiente corto y gritando las palabras "mágicas" antes de cada pase: luces, cámaras, acción. Cada sesión del festival estaba compuesta de cortos -y algún mediometraje- de animación de calidad, con propuestas de todo tipo, y de nacionalidades varias. Para que tu hijo deje de pensar que el mundo se acaba en La Patrulla Canina y Peppa Pig. No dudéis en apuntaros a la próxima edición.


La clausura del festival fue un largometraje, La vida de Calabacín (2016), que considero imprescindible. Una obra mayúscula que aborda un tema muy presente en la ficción para niños, el de la infancia abandonada: desde Oliver Twist hasta Annie y pasando por El Chavo del 8, el huérfano siempre ha tenido su lugar en el imaginario infantil. Como padre, creo que se trata de una realidad que evitamos a nuestros hijos todo lo posible: el que ellos son, sin duda, privilegiados en un mundo con demasiados niños que han perdido a sus familias, que son maltratados o que simplemente han nacido en el lugar equivocado. ¿A qué edad deberíamos hablar de esto con nuestros hijos? Creo que siempre será pronto para abordar semejante tema. La vida de Calabacín es una película para niños sobre verdades que los adultos preferimos que no sepan. Los protagonistas son chicos que han perdido a sus padres por los motivos más terribles, pero también por los más reales. La historia está contada siempre desde el punto de vista infantil, por lo que el drama se plantea de una forma inocente pero también cruda, sin filtros. Es difícil encontrar una película como esta, realizada en stop-motion, que hace reír a los niños, pero deja a los padres con un nudo en la garganta. La vida de Calabacín -elegida por Suiza para los Oscar de 2017- es una obra necesaria que plantea un reto importante para los padres: ¿A qué edad deben verla?