ASH VS. EVIL DEAD -TEMPORADA 1- EL JEFE


EL JEFE (31 DE OCTUBRE DE 2015) -AVISO SPOILERS-

2015 fue el año del regreso de un personaje que llevábamos más de 2 décadas esperando volver a ver. Y no estoy hablando de Luke Skywalker. Me refiero a Ashley "Ash" J. Williams cuya mandíbula prominente no se asomaba por una pantalla desde 1992. Supongo que este es el mejor testimonio del paso del tiempo, el regreso de los héroes de nuestra infancia. Ash (Bruce Campbell) ahora está gordo como un Elvis decadente, lleva dentadura postiza y usa faja. Pero sigue siendo el Ash de hace 20 años. Sam Raimi, que dirige este primer capítulo, debe haber encontrado la forma de rejuvenecer, porque vuelve a ser el Sam que era colega de los hermanos Coen y que hacía películas baratas, salvajes e inclasificables como Posesión infernal (1981). Él también fue nuestro héroe.


Había perdido la esperanza de volver a ver a Ash tras el -estupendo- remake de Posesión infernal (Federico Álvarez, 2013) que es genial, sí, pero es otra cosa. También pensé que me tendría que conformar con la simpática Arrástrame al infierno (2009) como pseudo-continuadora del espíritu de Evil Dead. Y finalmente, tenía serias dudas sobre las posibilidades de esta serie. Al fin y al cabo esto es televisión, un medio en el que -tradicionalmente- la ficción se apoya más en el guión, en la historia, en los personajes. Y Posesión infernal no era nada de eso: era Cabin in the Woods (Drew Goddard, 2011) 30 años antes y sin hacerse la lista. Terroríficamente muertos (1987) era un tour de force visual en el que la cámara de Raimi tiene tanto protagonismo como las muecas de Bruce Campbell sostienen a un personaje absolutamente hueco. ¿Se puede hacer una serie de televisión con eso? Sam Raimi ha sido productor de Hércules (1995-1999), Xena (1995-2001) y Spartacus (2011-2013), algo de tele sabrá el hombre-. Y el primer capítulo de Ash vs Evil Dead, dirigido por el propio Raimi, es una absoluta gozada.


El jefe -así bautiza a Ash el que será su primer sidekick, llamado nada menos que Pablo Simón Bolívar (Ray Santiago)- tiene todos los elementos que esperaba del regreso de Campbell y Raimi. Empezando por "el clásico", el coche que aparece en (casi) todas las películas del director, un Oldsmobile Delta 88 de 1973. También aparece el rítmico montaje con imágenes de correas que se ajustan y piezas que encajan, utilizado siempre que Ash se prepara para la batalla, que aquí le muestra poniéndose... una faja. No podía faltar, por supuesto, el lovecraftiano Necronomicon, encuadernado en piel humana y escrito con sangre. Pero hay cosas nuevas: nunca habíamos visto al viejo Ash practicando el sexo. Quizás no queremos volver a verle haciéndolo. Tampoco conocíamos su afición por las drogas blandas: precisamente, emporrado, Ash lee por error el libro de los muertos y desencadena de nuevo el infierno en la Tierra. No es broma. El episodio comienza con Ash diciendo "¡Fuck!".


El primer encuentro con un deadite no decepciona: hay sangre, hay gore y nos reencontramos con ese punto "raruno" tan de Evil Dead: la poseída gira la cabeza -nada que no hayamos visto en El exorcista (William Friedkin, 1973)- pero también las manos ¡Y comienza a caminar de espaldas! Recupera Raimi en esta secuencia algunos elementos de terror "clásico" presentes en la primera entrega: la mecedora que se mueve sola, los inquietantes quejidos, la figura que permanece de espaldas sin desvelar si está poseída... o no. Aquí demuestra el director que sigue teniendo ideas visuales, como la de la luz de la lámpara que, al oscilar, ilumina descubriendo la acción, pero ocultando luego al deadite. También está la preciosa idea de proyectar imágenes de la película de 1981 en las cajas de un almacén para apoyar el relato de Ash, a modo de flashbacks. Bienvenido de vuelta, Sam.


El éxtasis llega cuando nos reencontramos con el humor estúpido que solo hacen Raimi y Campbell, únicos herederos de Los tres chiflados (1925-1970). Slapstick imbécil como la escena en la que Ash rompe las bombillas y que luego crece en el demente ataque splatstick de la muñeca poseída. Tras esto, vemos el movimiento de cámara patentado por Raimi de la "fuerza" ¡En un aparcamiento! Por último, la famosa cabaña de Posesión infernal es reemplazada por la caravana que sirve de hogar a un Ash crepuscular. Allí, por fin, le vemos de nuevo en acción. El personaje había sido un héroe reticente -en El ejército de las tinieblas (1992)- pero asume ahora su papel y le vemos -por fin- con su camisa fetiche y -lo más esperado- con su motosierra. Hay algo gracioso y único en el personaje de Ash: es un tío tonto, torpe e incompetente. Pero cuando llega el momento de luchar -o de conquistar a una chica- adquiere por arte de magia las capacidades de un héroe (de ficción). Es la visión postmoderna de Sam e Ivan Raimi: Ash es capaz de todo tipo de hazañas solo porque es el protagonista del relato. Así, nuestro héroe de la infancia acaba el episodio soltando la catchphrase más tonta de todos los tiempos: "Groovy". No podía ser de otra manera.