CAZAFANTASMAS (PAUL FEIG, 2016)


Olvidad por un instante que los nuevos Cazafantasmas son mujeres y la estúpida polémica que hubo al respecto en Internet. La decisión de elegir a Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones para interpretar a las protagonistas es lo mejor de este reboot dirigido por Paul Feig. Estas cuatro actrices son estupendas cómicas y hasta podría decirse que consiguen una química en pantalla más satisfactoria que los originales. Seamos realistas: la película de 1984 es mucho mejor, pero el entrañable Harold Ramis -director de Atrapado en el tiempo (1993) ya fallecido, y homenajeado aquí con un busto con su rostro- apenas "interpretaba" y Winston (Ernie Hudson) no era más que una comparsa -el propio actor se ha quejado públicamente de lo reducido de su papel-. Por lo que podemos decir que, en estas nuevas Cazafantasmas, el grupo de actrices es lo mejor de la función. Ahora bien ¿El resto de la película? No mola tanto.


El film de Ivan Reitman era una aventura sobrenatural con toques de ciencia ficción que funcionaba estupendamente: la escenas de miedo daban miedo, había sense of wonder, y todo eso se elevaba a clásico -ochentero- gracias a la comedia, en especial, de Bill Murray. Aquí, las secuencias de "terror" son algo torpes, la aventura avanza a trompicones, los efectos especiales no brillan a pesar de los avances habidos en 30 años. Y la comedia, pues he echado en falta más espacio -más improvisación- para que estas actrices geniales se luzcan. Lo que Los Cazafantasmas  de 1984 hicieron muy bien fue introducir de forma orgánica el humor en la aventura. Aquí hay escenas claramente cómicas -la entrevista al personaje de Chris Hemsworth- y otras con intenciones "épicas" -como el clímax final-. Pero prácticamente no se mezclan. En esto echo mucho de menos a Bill Murray, todo un genio que interpretaba su papel casi en clave postmoderna, autoconsciente: como si Peter Vekman se supiera el héroe de una película y actuara en consecuencia, sabiendo que al final tendrá un final feliz, podrá besar a la chica -Sigourney Weaver- y haciendo todo tipo de bromas durante el proceso. El personaje de Jillian Holtzman (Kate McKinnon) aunque asume el rol de inventor loco que tenía Egon Spengler (Harold Ramis), hereda parte de ese humor de Murray consiguiendo destacar -incluso- por encima de sus compañeras, Wigg y McCarthy, estrellas por derecho propio.


Por último, decir que Los Cazafantasmas ochenteros tenían un discurso incómodo para un blockbuster de sus características: un humor agresivo, sexualizado y una cierta tendencia a la destrucción: cada vez que intentaban atrapar a un fantasma acababan destrozando el mobiliario de un lugar para ricos -un hotel de lujo, un restaurante caro-. Aquello héroes no solo fumaban, sino que su principal obstáculo eran los políticos y el propio ayuntamiento de la ciudad que intentaban salvar. Aquí queda algo de esa -mínima- transgresión, pero el principal discurso de esta nueva película tiene que ver con ser un marginado social, feo, con sobrepeso, con gafas, negro o mujer. (El contrapunto es el guaperas-idiota que es Chris Hemsworth). Este film tiene que ver con ser un solitario por tomarse demasiado en serio lo que el resto considera fantasías infantiles. Es decir, tiene que ver con ser un nerd, un friki, un empollón: en el fondo, los espectadores ideales que irían a ver esta película impulsados por la nostalgia. Algunos de ellos pusieron el grito en el cielo al saber que sus Cazafantasmas ahora son mujeres.