SPECTRE (SAM MENDES, 2015)


Hace casi diez años los productores de la serie cinematográfica de James Bond decidieron hacer un reboot, empezando por la adaptación de la primera novela de Ian Fleming. Casino Royale (Martin Campbell, 2006) se subía al carro del éxito de El mito de Bourne (Paul Greengrass, 2004) en un intento de captar mejor la sensibilidad del momento. Y eso parecía significar ser más "realista". Ya sabéis, la cámara se mueve mucho, el montaje brusco, la violencia más física. Era una precuela en toda regla que escatimaba todos los tics del agente 007. Pero estaba bien. No puedo decir lo mismo de su continuación, Quantum of Solace (Marc Forster, 2008), un film interesante, pero aburrido y pretencioso para ser una película de Bond. La siguiente entrega, Skyfall (Sam Mendes, 2012), se atrevía a ser una especie de terapia psicológica del agente secreto pero al mismo tiempo recuperaba las constantes fetichistas que quiero ver en cada entrega de la serie: el clásico tema musical, un nuevo M (Ralph Fiennes), un nuevo  Q (Ben Whishaw), la introducción de Moneypenny (Naomi Harris) y hasta el Aston Martin de Sean Connery. Salí de esa película esperanzado, porque aquello parecía el final del período "precuela".  El James Bond de Daniel Craig estaba listo para protagonizar una película de Bond en toda regla. Y Spectre lo es. 


-AVISO SPOILERS-

Nada más empezar el film, nos encontramos de nuevo con el clásico plano de la mirilla metálica que apunta a Bond. Enseguida, una primera secuencia en México D.F., durante el día de los muertos, en una referencia visual a que 007 es un asesino-¿Estarán enfadados los mexicanos por cómo es presentada su fiesta nacional?-. Un plano secuencia imposible nos lleva a la destrucción de un bloque de edificios que incluye el primer toque de humor: Bond cae de lo alto de una pared que se derrumba, en un sofá. Bien. A continuación,  la pelea en el helicóptero es espectacular y recuerda a lo mejor de la saga. Y esto es solo el principio. Hay varios momentos en la película que recuerdan al verdadero Bond: el pulp, sí, pero no el camp. El agente se acuesta con la veterana -pero atractivísima- Lucia (Mónica Bellucci) sin venir a cuento. Como Sean Connery en sus mejores tiempos. Más adelante, hay una secuencia que me hizo pensar en el Roger Moore más juguetón: Bond persigue a los agentes de Spectra en un avión que pierde sus alas y acaba deslizándose sobre la nieve cuesta abajo. La chica Bond de turno es despampanante, Léa Seydoux. El esbirro del villano, físicamente imponente: Hinx (Dave Bautista) sigue la línea de Oddjob (Harold Sakata) y Tiburón (Richard Kiel) y protagoniza una pelea brutal en un tren que recuerda a Desde Rusia con amor (Terence Young, 1963). En otra escena, Bond sufre una tortura que recuerda a la de Goldfinger (Guy Hamilton, 1964) a manos, nada menos, que de su archivillano clásico, Ernst Stavro Blofeld, que aparece aquí con los rasgos de Christoph Waltz ¡Y hasta con su gato persa blanco! Además, encontramos en Spectre todas las constantes de la saga: Craig se presenta como "Bond, James Bond", pide un martini "agitado, no revuelto" y el tema musical está muy presente durante toda la película. ¿Se puede pedir más?


Pues sí. Porque creo que Sam Mendes desactiva todo esto, la parte lúdica de Bond, con secuencias de una planificación tan lenta como exquisita. Composiciones cuidadísimas -casi siempre una figura humana enmarcada por líneas verticales- que utilizan colores oscuros sobre fondos claros y una fotografía soberbia. Movimientos de cámara lentísimos que aportan un tono elegante, pero demasiado grave. Todo esto deja claro que Mendes es un gran artista, pero creo que lleva sus imágenes a una estilización tal que las hace casi abstractas. No se trata de la irrealidad pop del Bond de los sesenta, sino de una especie de cubismo analítico aplicado a un film que contiene todos los elementos clásicos de una entrega del agente secreto más famoso de la cultura popular. En sus peores momentos, Spectre se parece a la soporífera Quantum of SolacePor otro lado, el subtexto de la película, el viaje interior de Bond, le lleva de ser un asesino frío a convertirse en alguien capaz de no apretar el gatillo cuando tiene de rodillas a su peor enemigo. "La licencia para matar, es también para no matar", dice Q (Ralph Fiennes) en un momento del film. Vuelven además los conflictos freudianos de Skyfall, cuando se desvela que Blofeld es en realidad una especie de hermano de James. Se humaniza así a un personaje que durante la guerra fría fue despiadado, machista, alcohólico y cuya vida privada nunca importó. Tras vencer, Bond no parece preparado para una nueva aventura, sino que se retira del servicio secreto y le vemos perderse en las calles de Londres en su viejo Aston Martin, con su chica. Lo que ha hecho Mendes en su díptico sobre 007 no puede más que recordarme al trabajo de Christopher Nolan en su trilogía sobre Batman. Por cierto, este es probablemente el director ideal para el futuro de Bond, como ya ha demostrado en secuencias de Origen (2010) y de El caballero oscuro: la leyenda renace (2012), de claro aliento bondiano.


Para mí, James Bond es sinónimo de acción, de set pieces que quitan el hipo, que te hacen abrir mucho los ojos, en las que especialistas anónimos probablemente pusieron en peligro sus vidas. En Spectre no hay demasiado de eso. A la película de Mendes le hace falta bastante más acción. Y tengo otro problema -personal- con el film. James Bond es una fantasía masculina de poder. Y aquí, Daniel Craig nunca tiene el mando en las escenas de riesgo. No controla el helicóptero en México; tras la persecución en coche en Roma se limita a escapar de Hinx; tampoco pilota en Austria el avión que pierde sus alas. Además, la chica le saca las castañas del fuego durante la pelea en el tren con Hinx y le ayuda a escapar de la trampa mortal de Blofeld. Es un Bond más humano, sí, pero ¿Es nuestro Bond? Quizás me estoy haciendo mayor.
¿Qué es para mí James Bond? Os dejo aquí mi lista de las cinco películas que más me gustan, ordenadas cronológicamente por sus intérpretes: Goldfinger (1964), 007 al servicio secreto de su majestad (1965), La espía que me amó (1977), Licencia para matar (1989) y Skyfall (2012). Como veis, el único actor que no aparece es Pierce Brosnan. Esto es así porque no hay ninguna de sus películas que me parezca realmente destacable, pero, por otro lado, el tono del Bond de Brosnan era siempre el correcto. En todo caso, me quedaría, probablemente, con Goldeneye (1995). De nada.