INSIDIOUS: CAPÍTULO 2 (JAMES WAN, 2013)


El cine de terror es un género eminentemente comercial, siempre atento a explotar sus éxitos con secuelas que normalmente resultan rentables porque parten de presupuestos modestos. James Wan y Leigh Whannell son un buen ejemplo de esto: los creadores de Saw (James Wan, 2004) vieron cómo su idea se prolongaba en seis secuelas. El éxito de Insidious (2010) -que se aleja radicalmente del torture porn- podría ser la semilla de una nueva saga, dependiendo del éxito de un tercer capítulo que se estrena hoy mismo.


Insidious: Capítulo 2 debe ser vista como una continuación directa de la primera parte, que retoma la historia prácticamente en el mismo instante en el que acaba la anterior. En ese sentido, no es descabellado decir que las dos películas forman un todo que va cambiando de registro continuamente. La primera parte comenzaba como una película de casas encantadas que luego se revelaba como una historia mucho más fantasiosa sobre viajes astrales a una dimensión espiritual -la referencia era Poltergeist (Tobe Hopper, 1982)- en la que los cuerpos de los vivos son codiciados por demonios y espectros. En esta secuela, en cambio, el núcleo argumental es el descubrimiento de la verdadera identidad de la espeluznante anciana que perseguía a Josh Lambert (Patrick Wilson). Por ello, la película nos niega la coartada realista de la primera parte, que permitía viajar al más allá de una forma verosímil para el espectador. Esto puede ser un defecto, pero la contrapartida es que este Capítulo 2 es más fantástico y entretenido. Eso sí, el carrusel de sustos se mantiene intacto, aunque quizás ahora el miedo no se instalará en nosotros tras el visionado del film. Somos más conscientes de que no hemos visto más que una fantasía.


Insidious: Capítulo 2 brilla cuando establece un diálogo con la primera película. Es a su primera parte lo mismo que Regreso al futuro 2 (Robert Zemeckis, 1989) a la película original de 1985. El protagonista interactúa con los hechos del film anterior y no solo los modifica, sino que, en un precioso giro, descubrimos que el Josh espiritual de la secuela era el artífice de parte de los extraños fenómenos que tuvo que sufrir el Josh mortal de la primera entrega.