TRUE DETECTIVE -TEMPORADA 2- THE WESTERN BOOK OF THE DEAD


THE WESTERN BOOK OF THE DEAD (21 DE JUNIO DE 2015) -AVISO SPOILERS-

Muchas veces me he preguntado a qué se debe la enorme popularidad de True Detective. Lo que quiero decir es que tengo serias dudas de que el espectador medio -ese que David Simon mandó a la mierda- pueda entender, por ejemplo, los largos diálogos de Rust Cohle (Matthew McConaughey) en los que habla de filosofía y física cuántica para expresar una visión muy pesimista de la existencia. Dudo mucho que esa gente que dice que True Detective es "una maravilla" entienda que Cohle habla en algún momento del "eterno retorno" de Nietzsche, por citar solo una referencia con la que yo estoy familiarizado. La solución a esta incógnita puede tener dos respuestas: la serie funciona a varios niveles y puede gustar también a los espectadores menos cultivados... o toda esa gente sigue la corriente como borregos. Lo que me sorprende es haber leído alguna mala crítica de esta segunda temporada y al mismo tiempo compruebo que, al menos el primer episodio, ha rebajado el tono reflexivo y filosófico. True Detective, en su segunda temporada, no es tan densa y apuesta mucho menos por el diálogo. El detective Ray Velcoro (Colin Farrell) no es Rust Cohle: no tiene esa capacidad de análisis de su existencia y está en las antípodas de la verborrea filosófica de aquel. Sin embargo, son equivalentes. En ambos casos, la pérdida de un ser querido les habría cambiado profundamente. El nihilismo de Velcoro es similar al de Cohle, pero se traduce en conductas mucho más asequibles para el espectador. En lugar de decir "el tiempo es un círculo plano", Velcoro bebe, se droga y se comporta de forma violenta. Mucho más fácil de entender.


A pesar de estas pequeñas diferencias, Nic Pizzolatto reincide en un tono absolutamente pesimista, en el que los protagonistas parecen atrapados en una lucha cósmica contra el mal. Recordad que esa fue la conclusión de la primera temporada. Yo no puedo evitar pensar una y otra vez en Seven (David Fincher, 1995) cuando veo True Detective: cuando Somerset (Morgan Freeman) cita a Hemingway para decir que "el mundo es un buen lugar por el que merece la pena luchar... sólo estoy de acuerdo con la segunda parte” parece resumir la filosofía de vida de Cohle y ahora de Velcoro. Por eso reaparecen esos planos aéreos -de intención similar a los de La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014)- que convierten los dramas humanos en algo pequeño, insignificante. La nota filosófica en ese sentido la da el personaje de Eliot Bezzerides (David Morse) un gurú espiritual que enseña a sus seguidores que habitamos un "universo sin sentido" pero creado por Dios. Devastador. 


También ayudan a crear esta atmósfera esas fugas surrealistas que a mí me vuelven absolutamente loco ¿alguien sabe qué significa esa mujer nadando en leche que aparece en la casa del desaparecido Ben Caspere? Para conocer la respuesta, solo tenéis que visitar esta página de Vimeo. De nada. A mí este inicio de temporada no puede más que recordarme la atmósfera onírica, inquietante, del universo de David Lynch. Los planos del oficial Paul Woodrugh (Taylor Kitsch) acelerando su moto en mita de la noche, en un acto claramente suicida, remiten a Carretera Perdida (David Lynch, 1997). Hay algo también de esta película en los ambientes que frecuenta el mafioso Frank Semyon (Vince Vaughn). ¿Quién mató a Ben Caspere? puede ser un misterio a resolver a la altura del de Laura Palmer: probablemente servirá para descubrir el mal que anida en todos los personajes. Curiosamente, los que representan "el bien" parecen mucho menos equilibrados que Semyon. Velcoro, Woodrugh y Ani (Rachel McAdams) tienen una actitud constante de malestar y de rabia reprimida. Las réplicas de Eliot a su hija Ani son absolutamente brillantes y sorprenden por ofrecer un retrato del personaje de ella muy pronto en esta historia.


El plano secuencia que cierra el capítulo nos muestra a estos tres policías desencantados, en lo que me parece lo menos acertado de esta segunda temporada. El director que reemplaza a Cary Fukunaga, Justin Lin, es el responsable de cuatro entregas de la saga Fast & Furious. Eso, para mí, debería ser una buena noticia, pero aquí creo ver algo de su tono chulesco y distanciado -Taylor Kitsch parece que incluso mira a cámara- en una serie que necesita crear una atmósfera muy concreta. Más trascendente que irónica. Veremos.

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