STRANGE BLOOD (CHAD MICHAEL WARD, 2015) #NOCTURNA2015


La primera etapa cinematográfica del director canadiense David Cronenberg utilizaba los esquemas del cine de terror y el gore para hablar de un tema que le obsesionaba, la decadencia orgánica. En la misma línea, el científico protagonista de la muy floja Strange Blood, Henry (Robert Brettenaugh), crea un organismo artificial -en parte máquina- que parece salido de la mente del director canadiense creador de la llamada "nueva carne".


-AVISO SPOILERS-

Strange Blood comienza muy bien, con buen ritmo, contándonos la historia de este científico -y su ayudante y luego novia, Gemma (Alexandra Bard)- que acaba contaminado por su propia invención. Henry, sufre la decadencia orgánica que intentaba erradicar de la Humanidad. El modelo argumental es claramente el de La Mosca (David Cronenberg, 1986), película citada literalmente en algunos planos. Lamentablemente, el director aquí no iguala la rigurosa planificación de Cronenberg, ni consigue transmitir la misma desagradable inquietud con la frialdad quirúrgica del canadiense. Vale, no podemos pedir tanto, pero sí resulta decepcionante que esta película no se atreva a desarrollar su premisa y se desvíe por el -demasiado- transitado camino del vampirismo. Unas interpretaciones desacertadas impiden además que nos impliquemos en lo peor del film, la historia de amor entre los protagonistas.