III (PAVEL KHVALEEV, 2015) #NOCTURNA2015


Lo mejor de III, su fotografía, es probablemente también su peor defecto. Las panorámicas aéreas, paisajísticas, contienen una gran belleza pero aportan muy poco a una historia en exceso atmosférica. No sé si tal concepto existe, pero lo cierto es que tantos planos de sembradíos, fachadas de iglesia y estepas nevadas ralentizan aún más un ritmo de por sí lento. 


-AVISO SPOILERS-

Demasiado preocupada por sus imágenes, la segunda película de este director ruso falla en diferenciar estéticamente el plano real -demasiado abstracto, sin lugar ni tiempo definido- del mundo onírico en el que se sumerge la protagonista en el último tercio del film. El viaje que hace la guapísima Ayia (Polina Davydova), al interior de la mente de su hermana, Mirra (Lyubov Ignatushko), es de largo lo más atractivo de esta película. Pero llega demasiado tarde porque antes nos han mareado con la historia de una epidemia que diezma un pueblo que de entrada parece deshabitado. Encima, la propuesta estética del mundo del inconsciente no resulta atractiva ni original como, digamos, La Celda (Tarsem Singh, 2000) o incluso cualquier entrega de Pesadilla en Elm Street. Por otro lado, los temas que intenta explorar esta película -la culpa, la resignación y la fe- están expuestos de forma burda. Una banda sonora atronadora intenta sobrecompensar unas imágenes y unas interpretaciones mas bien apagadas. El final revela que detrás de todo había un cura renegado, el padre Herman (Evgeniy Gagarin), que intenta crear una congregación de feligreses en ese universo paralelo al que se accede mediante el subconsciente. Habría sido una idea de partida interesante para una película muy diferente.