PSICOANÁLISIS STAR WARS (SEGUNDA PARTE)


El mitógrafo Joseph Campbell en su libro El héroe de las mil caras (1949) establecía el concepto del monomito. Un patrón narrativo que se puede encontrar en leyendas y mitos de todas las culturas del mundo. El viaje del héroe establece que el protagonista debe superar etapas hasta conseguir una recompensa. Una de ellas supone cruzar un umbral hacia un mundo diferente, mágico, peligroso. Ese umbral suele estar custodiado por un guardián que impide el paso del héroe. Lo más usual es que el héroe se enfrente a este enemigo y le derrote para continuar la aventura. Pero Campbell hablaba también de otra posibilidad, la de convertir al guardián en un aliado. De transformar la energía negativa de la confrontación en un impulso positivo de unión.


George Lucas utilizó los esquemas de Campbell -el viaje del héroe- como una guía para construir el argumento de la saga de Star Wars (1977-2005). Luke Skywalker (Mark Hamill) debe superar etapas hasta dominar la Fuerza y derrotar al Imperio. En el camino encontrará a más de un guardián que intentará impedirle el paso: moradores de las arenas, soldados de asalto o un gigantesco Rancor. Pero algunos de esos guardianes que obstaculizan su aventura, acaban convirtiéndose en importantes aliados para Luke. Yo crecí con la trilogía original, en la que esta idea se repite constantemente. El primero de estos guardianes es Han Solo (Harrison Ford) que es presentado como un piloto sin escrúpulos -con su fiero compañero Chewbacca (Peter Mayhew)- que no parece demasiado fiable. Pero como ya sabemos, Han Solo acaba siendo un aliado imprescindible para la rebelión. En El Imperio Contraataca (Irvin Kershner, 1980) ocurre algo similar con Lando Calrissian (Billy Dee Williams), en principio un traidor que luego también se convierte en un gran aliado con un papel importante en la batalla final. Pero el caso más claro es el del propio Darth Vader (James Earl Jones). El padre de Luke debería ser el gran enemigo a batir. El mayor malvado de la historia de la cultura popular. Pero Luke cree que Vader mantiene algo bueno en su interior. En El retorno del jedi (Richard Marquand, 1983), Vader cambia de bando en el último segundo para ayudar a su hijo a derrotar al Emperador (Ian McDiarmid). Se redime así de todo el mal que ha hecho para reencontrarse -aunque brevemente- con su hijo Luke.


Puede parecer una tontería, pero por alguna razón, toda esta información se imprimió en mi alma al estar expuesto a estas películas durante mi infancia. He tardado años en darme cuenta de que pienso que todo el mundo, en el fondo, es una buena persona. Por culpa de Star Wars mi inconsciente me hace darle el beneficio de la duda a todo el mundo. Soy de naturaleza confiada por culpa de George Lucas. Suelo pensar que en la vida, un enemigo siempre se puede transformar en un aliado. Quizás por eso, para mí, no hay mayor fracaso que perder a un amigo. Que alguien que te quiere se convierta en alguien que te odia.